sábado, 14 de enero de 2017

LOS MARTIRES DEL JAPON POR ESQUERDA BIFET (2)

Los mártires del Japón por Esquerda Bifet (2)


Victor in vínculis
Tomado del blog Religión en Libertad
14 enero 2017
Estos 188 mártires, distribuidos en 16 grupos, fueron martirizados entre 1603 y 1639, prácticamente de todas las zonas geográficas del Japón, las diversas diócesis actuales. La investigación fue realizada por una comisión de cinco historiadores, especializados en temas japoneses, y se hizo con toda precisión y seriedad histórica, aprovechando el material existente en numerosas bibliotecas y archivos de dentro y de fuera del Japón: once archivos japoneses y doce archivos o bibliotecas occidentales.



A veces son fuentes civiles, pertenecientes a los mismos perseguidores, donde no se oculta el motivo de la persecución, el género de martirio, algunas apostasías y la tenacidad en afirmar la fe cristiana por parte de las víctimas. Son muy importantes las "cartas anuales" contemporáneas que enviaban a Roma los superiores jesuitas del Japón, misioneros y algunos de ellos también mártires posteriormente.

Ha habido una petición oficial de la Conferencia episcopal del Japón, firmada por todos los obispos el 14 de junio de 2004, suplicando la beatificación de los 188, que dieron su vida “por Cristo y por la Iglesia”, y motivándola con razones de actualidad pastoral. Los 188 mártires corresponden a las actuales diócesis de Nagasaki, Fukuoka, Kyoto, Niigata, Hiroshima, Kagoshima, Oita, Tokio (Edo) y Osaka.

1) Once mártires de Yatsushiro, hoy Kumamoto, diócesis de Fukuoka: seis de familia de samurais (año 1603) y cinco de gente del pueblo (años 1606 y 1609)

Entre los samurais, destacan dos familias: Juan Minami y su esposa Magdalena, con su hijo adoptivo Luis, de siete años; Simón Takeda y su esposa Inés, con su madre Juana. Los varones samurais mueren decapitados. Las mujeres y el niño, crucificados. Destaca la alegría en el momento del martirio, vistiendo su mejor vestido de fiesta. Magdalena Minami, desde la cruz, rezaba a coro con su hijo Luis. Juana Takeda predicaba desde la cruz.

Entre la gente sencilla del pueblo: Joaquín y Miguel, con su hijo Tomás, de trece años; Juan y su hijo Pedro, de cinco o seis años. Son tres catequistas, con sus hijos. Mueren decapitados, menos Joaquín, que muere en la cárcel a causa de los tormentos. Todos muestran alegría, oración y firmeza en la fe. Se conservan algunas cartas desde la cárcel, donde leían libros de espiritualidad.

El caso del niño Pedro Hatori, de cinco o seis años, es emblemático. Vestido con su kimono de fiesta, en el lugar del suplicio se acercó al cadáver de su padre, martirizado unos momentos antes, se bajó el kimono de los hombros, se arrodilló, juntó las manos para orar y presentó su cuello desnudo ante los verdugos aterrorizados; estos no acertaron en el primer golpe, hiriéndolo en el hombro y tumbándolo a tierra, de donde se levantó para seguir arrodillado en oración; murió decapitado pronunciando los nombres de Jesús y María. Algo parecido pasó con el niño Tomás, de trece años, hijo de Miguel; este niño tenía el brazo izquierdo atrofiado, pero lo levantó con su brazo derecho para morir en actitud de oración (cf. P. Pasio, o.c., cap. 9, foll. 328-330).


2) Mártires de Yamaguchi y Hagi, Melchor Kumagai, samurai, y Damián, catequista ciego, año 1605, 16 y 19 de agosto respectivamente, en la diócesis de Hiroshima.

El samurai Melchor muere decapitado en su casa, por defender la fe cristiana, mientras oraba y meditaba la pasión. La importancia del martirio de este samurai estriba también en su calidad de descendiente de familia noble que se remonta al emperador Kammu (782-805). El samurai Melchor precedentemente se había enfriado en la fe, pero luego, después de la guerra de Corea, tomó un camino de segunda conversión, entregándose con generosidad hasta el momento de su martirio. En sus cartas dirigidas a sus amigos manifiesta su adhesión incondicional a la fe, mientras, al mismo tiempo, estaba dispuesto a servir con fidelidad a su señor el “daimyó”, pariente suyo.

El catequista ciego Damián muere también decapitado, de rodillas y orando, por defender y propagar la fe. Su cuerpo fue mutilado y arrojado al río por los verdugos, con la intención de hacer desaparecer los restos, de donde los cristianos rescataron la cabeza para enviarla a Nagasaki. Los perseguidores intentaban conseguir la apostasía. Hay que notar en este caso y en algunos otros, la acción persecutoria de algunos bonzos de una secta budista, que instigaron a los gobernantes.

Este catequista ciego, que se había convertido del budismo, dedicó su vida a la catequesis, con su arte musical y narrativo, llegando a convertir, sólo en un año, a ciento veinte personas, además de dedicarse durante años a fortalecer la fe de los ya cristianos. Con sus cantos y narraciones, el ciego "iluminaba" a todos por el camino de la fe. En el momento en que iba a ser decapitado, le conminaron por tres veces a que apostatara de la fe, pero Damián ofreció su cuello mostrando gran paz y alegría. Sus restos, recuperados por los cristianos, fueron trasladados a Nagasaki y luego a Macao.

3) León Saisho Shichiemon Atsutomo, samurai de rango alto (1608, Hirasa, hoy Sendai, diócesis de Kagoshima)

Había recibido el bautismo el 22 de julio de 1608, de manos del futuro mártir Jacinto Orfanel, o.p., beato. El samurai convertido se entregó a un camino de oración y perfección. Instado repetidamente por su señor a apostatar, León resistió con fortaleza y ánimo tranquilo. Fue condenado a muerte por haberse bautizado en contra de las órdenes de su señor. Decía que “estaba dispuesto a morir antes que dejar de ser cristiano” (Carta de Mons. Cerqueira a Pablo V, 5 de marzo de 1609).

Salió para el lugar del martirio habiendo dejado sus armas, vestido con traje de fiesta; se arrodilló sobre una estera de paja ante una imagen pequeña del descendimiento de la cruz, que luego metió en su pecho, mientras enrollaba en su mano derecha el rosario.

Lo decapitaron el 17 de noviembre de 1608, a los tres meses y medio después de haber recibido el bautismo. Su martirio tuvo lugar donde él mismo había pedido, es decir, en el cruce de caminos (por significar la cruz de Cristo). El hecho de morir “con tanta seguridad y alegría... era cosa nunca vista en aquel reino” (Cerqueira, o.c., fol. 482).

4) Mártires en Ikitsuki (Hirado): el samurai Gaspar Nishi Genka, con su esposa Úrsula y su hijo primogénito Juan Mataichi Nishi (año 1609), diócesis de Nagasaki.

Se trata de una familia de mártires. Estos tres fueron martirizados el 14 de noviembre de 1609. Hijo de Úrsula es el padre Tomás, dominico, mártir en 1634, ya canonizado por Juan Pablo II en 1987; también fue martirizado su otro hijo Miguel con su esposa e hijo en 1634, por haber dado alojamiento a su hermano, el padre Tomás.

El samurai Gaspar Nishi era protector y padre de los pobres y campesinos. El martirio de esta familia fue promovido de modo especial por un bonzo principal de Hirado, de una secta budista, mitad bonzos mitad soldados, prohibidos posteriormente, que era amigo del “daimyó”. Los datos precisos del martirio se encuentran en la carta de monseñor Cerqueira, del 10 de marzo de 1610, dirigida al Papa Pablo V.

Los mártires se prepararon con oración para el martirio. Gaspar, samurai, pidió morir como Jesús en una cruz, pero sólo se le concedió ser decapitado en el lugar donde anteriormente el misionero padre Torres había levantado la cruz.

Úrsula y su hijo Juan murieron decapitados, arrodillados y pronunciando los nombres de Jesús y María. En sus cabezas, expuestas públicamente, pusieron la causa de la muerte: “por ser cristianos”. Sus cuerpos fueron llevados a Nagasaki y posteriormente, en 1614, a Macao.

5) Mártires de Arima (diócesis de Nagasaki), año 1613, tres familias de samurais: Adriano con su esposa Juana, León con su esposa Marta y sus dos hijos (Magdalena de diecinueve años, Diego de doce años), León con su hijo Pablo de veinticuatro años.

Las tres familias de samurais (ocho personas) murieron quemados vivos el 7 de octubre de 1613. Este martirio tiene un significado especial: representa la cristiandad de Arima, la más cultivada del Japón, semillero de mártires (bajo estas líneas, el memorial del martirio). Estas tres familias fueron siempre fieles a sus “daimyós” en guerra y en paz. El odio a la fe provenía especialmente del “daimyó” apóstata Arima Naozumi. Miles de cristianos, organizados en cofradías, pudieron asistir al martirio con el rosario en la mano y velas encendidas; habían pasado una noche entera velando en oración. Cinco días después del martirio, daba cuenta detallada de todo ello el obispo monseñor Cerqueira al prepósito general de la Compañía de Jesús, padre Claudio Acquaviva.



Todos los mártires se habían preparado con oraciones y sacramentos. La numerosa comunidad cristiana de la ciudad participó en la preparación espiritual. El influjo de sus gestos audaces llegó hasta conseguir que algunos apóstatas volvieran a la fe. Estos arrepentidos, no habiéndoseles permitido sumarse a los presentes mártires, renunciaron a sus rentas y se exiliaron.

Cada uno de los mártires muestra alguna peculiaridad personal: los tres samurais anuncian a Cristo sin ambigüedades hasta el último momento. Marta anima a sus hijos, Magdalena y Diego. Magdalena, de diecinueve años, levanta y ofrece al cielo con sus manos las brasas. El niño Diego, de doce años, al vadear el río de camino hacia el suplicio, no permitió que le ayudara un samurai compasivo, sino que le dijo: “-Déjame ir a pie como mi Señor, ya que no llevo la cruz a cuestas” (cf. Carta anual de 1613, fol. 271); en el momento del suplicio, al quemársele las cuerdas, los vestidos y los cabellos, corrió hacia su madre y quedó muerto a sus pies; la madre acogió al niño señalando el cielo. Todos ellos confesaron su fe con toda claridad y con alegría, pronunciando los nombres de Jesús y María.

6) Adán Arakawa de Amakusa (1614, diócesis de Fukuoka).
Se trata de un hombre del pueblo, casado con esposa cristiana, de fe sencilla y bien formada, siempre contento, catequista (“kambó”) y, al marchar los misioneros, responsable de la comunidad cristiana, dedicado a ella con gran celo. Se alimentaba de libros espirituales: la "Imitación de Cristo", libro impreso en japonés en Amakusa y Nagasaki.
Fue encarcelado y repetidamente torturado desde el 21 de marzo de 1614. Afirmó su fidelidad a las autoridades civiles, pero también la independencia de su fe (representado bajo estas líneas). En medio de las torturas, después de anunciar a Cristo, permanecía continuamente en oración. Fue decapitado el 5 de junio del mismo año (por la noche y en clandestinidad, mostrando más ánimo que sus verdugos) por no querer apostatar de su fe y por su calidad de animador catequista de la comunidad, que constaba de varios miles de cristianos. Su cuerpo, envuelto en redes y con piedras, fue arrojado al mar. Los cristianos sólo pudieron recoger algo de su sangre. Tenía sesenta años. La investigación fue dirigida por el futuro mártir beato Francisco Pacheco, según orden del provincial padre Carvalho, elegido como sucesor de monseñor Cerqueira, que había muerto en febrero de 1614.



7) El gran martirio de Miyaco (Kyoto), 6 de octubre de 1619 (cincuenta y dos mártires).

Este es uno de los martirios numerosos, o masivos, de Japón que hemos citado más arriba. En el martirio de Kyoto murieron cincuenta y dos cristianos quemados vivos: un samurai de alto rango, Juan Hashimoto con su esposa Tecla, encinta, y sus seis hijos, de entre tres y doce años; la mayoría eran gente sencilla del pueblo, madres jóvenes con sus hijos, que vivían agrupados en una calle de Kyoto (“calle de los que creen en Dios”) y que habían sido atendidos anteriormente por misioneros y catequistas, también martirizados posteriormente, algunos ya beatificados.

Las madres martirizadas ofrecían a sus hijos pequeños:

¡Señor Jesús, recibe a estos niños!

Todo el grupo siguió la misma suerte: encarcelados en diversas fechas, orando y cantando en la cárcel, crucificados y quemados todos juntos, afirmaron su fe. Constan los nombres de cada uno y su testimonio cristiano y martirial, algunas familias enteras. El samurai Juan fue un apoyo para todos.

Destaca el martirio de Tecla, en medio de las llamas, sujeta a la cruz con tres hijos pequeños, consolándolos, apretando a la más pequeña, Luisa, de tres años, entre sus brazos, mientras los otros tres ardían en la cruz próxima. Destaca también la actitud martirial de la niña Marta, de siete años, que quedó ciega en la cárcel y a quien los mismos guardias quisieron liberar haciéndola apostatar; la niña Marta respondió profesando la fe en nombre de todos y pudo morir junto a su madre.



El martirio fue contemplado por numerosos cristianos y miles de paganos. De este martirio quedan numerosos testimonios, incluso de un anticatólico -trabajador de la compañía inglesa de Hirado, quien también describe la muerte y oración de Tecla con sus hijos- y de los archivos civiles japoneses. El martirio fue divulgado de inmediato en Occidente, gracias a la carta anual de Rodrigues Giram, del año 1619 -el mismo año del martirio-, que tomó los datos de la relación del padre Benito Fernández, mártir dos años después.

LOS MARTIRES DEL JAPON POR ESQUERDA BIFET (1)

Los mártires del Japón por Esquerda Bifet (1) 

Victor in vínculi
Tomado del blog Religión en Libertad
13 enero 2017

En esta página http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_4694 aparece completo el artículo de monseñor Juan Esquerda Bifet publicado en L'Osservatore Romano, edición en lengua española, el 28 de noviembre de 2008, p. 10. El artículo está ajeno a la “polémica” suscitada por la película Silencio. Por eso lo publico.




Presentación histórica del martirio realizada por monseñor Juan Esquerda Bifet, director emérito del Centro internacional de animación misionera (Ciam) con motivo de la beatificación de 188 mártires durante el pontificado de Benedicto XVI en el año 2008.

Pedro Kibe Kasui y 187 compañeros mártires (1603-1639)

A fin de resaltar la actualidad del tema de la esperanza, decía el Papa Benedicto XVI a los obispos del Japón en la visita “ad limina” del 15 de diciembre de 2007, citando su segunda encíclica: Quien tiene esperanza vive de otra manera; se le ha dado una vida nueva (Spe salvi, 2). Y para contextualizar esta afirmación añadió: “A este respecto, la próxima beatificación de 188 mártires japoneses ofrece un signo claro de la fuerza y la vitalidad del testimonio cristiano en la historia de vuestro país. Desde los primeros días, los hombres y mujeres japoneses han estado dispuestos a derramar su sangre por Cristo. Gracias a la esperanza de esas personas, "tocadas por Cristo, ha brotado esperanza para otros que vivían en la oscuridad y sin esperanza" (Spe salvi, 8). Me uno a vosotros en la acción de gracias a Dios por el testimonio elocuente de Pedro Kibe y sus compañeros, que "han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero" (Ap 7, 14 ss)" (L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 28 de diciembre de 2007, p. 8).

Fueron muchos miles los cristianos japoneses que, en el decurso de cuatro siglos, pero especialmente durante los siglos XVI-XVII, dieron este testimonio heroico de esperanza. Algunos ya han sido canonizados. El 8 de junio de 1862, Pío IX canonizó a veintiséis. El mismo Papa beatificó a 205 el día 7 de julio de 1867. Juan Pablo II canonizó a veintiséis el día 18 de octubre de 1987. Los nuevos 188 mártires -han sido beatificados el pasado 24 de noviembre- se suman, pues, a una cifra considerable que, no obstante, viene a ser sólo una pequeña representación de los muchos miles que dieron la vida por Cristo, además de los innumerables que afrontaron toda suerte de sufrimientos por el Señor.

Esta realidad histórica queda ya como un hecho salvífico imborrable en la evangelización del Japón y es también una herencia común para toda la Iglesia. Será siempre un punto de referencia, como lo ha sido para toda la historia eclesial la realidad martirial de los primeros cuatro siglos del cristianismo bajo el imperio romano.

Entre estos mártires se encuentran todas las clases sociales. Cabe recordar que hubo también algunas apostasías, como en toda persecución. Pero, al contemplar el conjunto admirable de unas estadísticas controladas, cabe preguntarse sobre el punto de apoyo de su perseverancia ante el martirio. ¿Qué preparación y medios habían tenido? ¿Cuál fue y sigue siendo la clave de la perseverancia?

Las circunstancias actuales han cambiado en todas las latitudes. Pero será siempre una realidad la “persecución” contra los seguidores de Cristo como él mismo profetizó (cf. Jn 15-16; Mc 13, 9). La Iglesia estará siempre “en estado de persecución” (Dominum et vivificantem, 60). Las dificultades, siendo muy diversas, no son menores en la actualidad, especialmente en una sociedad donde se sobrevalora lo útil, lo eficaz, lo inmediato, la ganancia, el éxito, las impresiones, las leyes que contrastan con la conciencia... El cristiano que quiera ser coherente, tendrá que estar dispuesto, en cualquier época, como decía san Cipriano refiriéndose a los mártires y confesores del siglo III, a “no anteponer nada al amor de Cristo”.

Afirmar hoy explícitamente la divinidad y la resurrección de Jesús es un riesgo de “martirio”, de marginación y descrédito... Decidirse por seguir los principios básicos de la conciencia y de la razón iluminados por la fe -sobre la vida, la familia, la educación- será frecuentemente fuente de malentendidos y tergiversaciones por parte de los que se oponen a los valores evangélicos.

[El artículo se escribe antes de la beatificación. En la imagen el Cardenal Saraiva, entonces Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, en representación de Benedicto XVI, durante la ceremonia de beatificación.]

La beatificación de los nuevos 188 mártires, todos ellos japoneses y casi todos laicos (183), tendrá ciertamente una gran repercusión, especialmente en el Japón. Si “la sangre de mártires es verdadera semilla de cristianos” (según Tertuliano: PL I, 535), esta realidad martirial actual anuncia, a pesar de las previsiones humanas, un resurgir de la comunidad eclesial en el Japón, con repercusión en la Iglesia universal.

El martirio cristiano es siempre un “misterio” de la historia. Ninguna figura histórica ha sido tan amada y tan perseguida como la figura de Jesús, que prometió estar presente entre los que creen en él. Pero la vida martirial de los discípulos de Jesús es siempre una gracia que tiene un dinamismo misionero imparable.

Un hecho histórico de valor permanente: los mártires japoneses, especialmente de los siglos XVI-XVII

El 15 de agosto de 1549 llegó san Francisco Javier al Japón, donde desarrolló su actividad apostólica durante unos tres años. Los jesuitas fueron llegando continuamente. Los primeros franciscanos misioneros llegaron de Filipinas en 1592. Los dominicos y agustinos, también procedentes de Filipinas, llegaron en 1602. Hay que recordar que las Filipinas fueron evangelizadas inicialmente por los misioneros agustinos, ya desde la ocupación española, en 1565. Fueron cuatro las Órdenes religiosas que evangelizaron el Japón durante estos inicios: jesuitas, franciscanos, dominicos y agustinos.

Los años que transcurren entre 1549 y 1650 se han calificado de “siglo cristiano” del Japón; en 1644 los católicos eran unos 300.000, según la cifra aceptada por algunos historiadores. San Francisco Javier había escrito en 1552 que se produciría persecución azuzada por algunos bonzos. Él mismo había manifestado la alegría de poder llegar a ser mártir.

Se pueden observar, en el contexto histórico, diversos motivos circunstanciales que dieron origen a la persecución: las luchas comerciales por parte de navegantes ingleses y holandeses, que sembraban la sospecha y el rechazo hacia los portugueses, provenientes de Macao, y hacia los españoles, provenientes de Filipinas; el temor de algunas autoridades japonesas a una invasión; la inquina de algunos bonzos budistas que veían disminuir a sus seguidores. Pero los mártires japoneses murieron por no querer renunciar a su fe; se les proponía la posibilidad de salvar su vida a precio de esta renuncia a la misma, aunque fuera simulada.

Un primer edicto de persecución en todo el país fue firmado en 1614, y se enviaron copias a todos los daimyós del Japón. Hay que recordar que existía un ambiente de guerra civil en Japón entre dos shôgun o gobernadores mayores; de hecho, el emperador estaba como “prisionero” en Kyoto. Tokugawa Leiasu se proclamó shôgun en 1603 y murió en 1616, contra el Shôgun Toyotomi Hideyoshi, dejando fundada la dinastía Tokugawa. Tokugawa Yemitsu asumió la plena autoridad del shôgunado en 1632 y reclamó obediencia absoluta a su autoridad por parte de los cristianos, por encima de la fe y de la conciencia.

Estas dificultades se acentuaban por el hecho de que, para los perseguidores, los shôgun-gobernadores mayores- eran la ley suprema. Los cristianos tenían que ser eliminados porque seguían el primer mandamiento del decálogo: amar a Dios sobre todas las cosas. Ese es el argumento del apóstata Fabián Ungyô, con su libro: Ha Deus, Contra la secta de Dios, año 1620.

Se puede constatar la internacionalidad de los mártires, aunque la inmensa mayoría eran japoneses. En la documentación y también en las listas de los ya beatificados o canonizados, se encuentran coreanos, mestizos (luso-japoneses, chino-japoneses), de Malaca, un indio de Malabar, un indio de Bengala, uno de Sri Lanka, algunos chinos, etc. Entre los misioneros, casi un centenar, había portugueses, españoles, italianos, mexicanos y algunos de Flandes, Francia, Filipinas, Polonia...



Los primeros mártires fueron asesinados ya en 1558. Desde entonces están documentados los martirios, al inicio casi anualmente y en diversos lugares del Japón, hasta 1867. Pero especialmente quedan documentados con más precisión hasta el año de la clausura del Japón, en 1639, época Sakoku o de país clausurado. Todavía después de esta fecha, quedaron -o ingresaron clandestinamente- muchos cristianos, misioneros y catequistas que fueron mártires durante el decurso de todo el siglo XVII.

Desde el martirio masivo de Nagasaki, el 5 de febrero de 1596, con Pablo Miki, s.j., a la cabeza -veintiséis mártires ya canonizados el 8 de junio de 1868, entre los que aparece san Felipe de Jesús-, hubo siempre grandes martirios:
En Edo-Tokio - año 1613, con veintitrés mártires.
En Arima-Kuchinotsu -año 1614, con cuarenta y tres mártires.
En Miyako-Kyoto - año 1619, con cincuenta y tres mártires.
Nagasaki - año 1622, con cincuenta y tres mártires.
Shiba-Edo - año 1623, dos grupos, con cincuenta y veinticuatro mártires.
Minato-Akita - año 1624, con treinta y dos mártires.
Kubota-Akita - año 1624, con cincuenta mártires.
Okusanbara - año 1629, con cuarenta y nueve mártires.
Omura - año 1630, dos grupos, con setenta y tres, y diez mártires
Aizu-Wakamatsu - año 1632, con cuarenta y tres mártires.
Edo-Tokio - año 1632, con quince mártires, etc…

Es imposible concretar con exactitud el número de mártires. Ciertamente pasaron de varios miles. El cálculo más conservador sobre este número, desde finales del siglo XVI hasta mediados del siglo XVII, indica entre 5.000 y 10.000 mártires (cf. Positio, p. 40). Los mártires extranjeros no pasan del centenar. Pero sólo en la llamada “insurrección” de Shimabara, abril de 1638, según algunos escritores modernos, pudieron haber llegado a 20.000 -aparte de los caídos en la guerra- los japoneses que fueron sacrificados por el hecho de ser cristianos. En una publicación reciente, las fichas documentadas y precisas, con nombre, fecha, lugar, modalidades, etc., pasan de dos mil, pero alguna de estas fichas se refiere a algún grupo sin poder precisar más (El Martirologio del Japón 1558-1873; ver el grupo de Shimabara en la página 740).

Es impresionante la actitud de muchos niños mártires, en solitario, en grupo o con sus padres. Algunos eran de muy tierna edad. Un testimonio muy documentado habla de un grupo de dieciocho niños, en el segundo gran martirio de Edo-Tokio, 24 de diciembre de 1623: “Los seguían (a los mártires adultos) dieciocho niños, que como casi todos eran pequeñitos y no sabían todavía temer a la muerte, iban alegres y risueños como si fueran a jugar, llevando algunos de ellos en las manos los juguetes que en esa edad suelen usar, moviendo con ello a lágrimas a los mismos gentiles que lo veían... Llegados al lugar determinado, los primeros en que se ejecutó la cruel sentencia fueron los dieciocho niños, en los cuales ejecutaron crueldades tan bárbaras que sólo oírlas causa horror”. (ib., p. 490).

Los suplicios fueron variando y recrudeciéndose, como puede constatarse en el conjunto de los 188 que resumiremos más abajo. Además de la cárcel y arresto domiciliario, se produjo frecuentemente la pérdida de todos los bienes y el exilio. Pero en el caso de martirio cruento, además de las decapitaciones, hogueras y crucifixiones, se ejercieron toda clase de humillaciones o vejaciones y torturas, que constan detalladamente en los documentos de la época, por parte de testigos presenciales. Además de la amputación de miembros y el apaleamiento, se practicaba el ahogo lento o repetido en agua, el veneno, el aceite hirviendo, la crucifixión, alanceados o también quemados, el lanzamiento al mar, la inmersión en los sulfatos del monte Unzen en Nagasaki, lapidación, tormento de la fosa -colgados boca abajo y metida la cabeza en una fosa-, etc.

Eran de todas las clases sociales: nobles samurais, autoridades civiles, artesanos, profesores, pintores, literatos, campesinos, ex-bonzos convertidos, esclavos ya liberados y prisioneros de guerra (de Corea), algún corsario convertido, trovadores ciegos especializados y diplomados en el arte melódico-narrativo. Pero dentro del cristianismo se sentían todos como en familia.

Como dato interesante hay que constatar que en 1632 fueron desterrados a Manila más de cien leprosos cristianos. En 1601 tuvieron lugar las primeras ordenaciones de sacerdotes japoneses, jesuitas y diocesanos. A pesar de la fidelidad por parte de la inmensa mayoría, se constata también la primera apostasía de un misionero europeo, el padre Cristóbal Ferreira, en 1633.

La invasión de Corea, a finales del siglo XVI, había dado como resultado la llegada de muchos esclavos coreanos, que vivían en el distrito de Nagasaki llamado Korai-machi. En una reunión de los misioneros con el obispo de Nagasaki, padre Cerqueira, s.j., en 1598, se inició un proceso de liberación. Muchos coreanos se hicieron cristianos; algunos serían mártires, ya beatificados y canonizados.

La persecución y los martirios continuaron hasta 1873. Fueron todavía muchos los mártires de la segunda mitad del siglo XIX, al inicio de la “apertura” comercial del Japón. En 1873, por presión de los gobiernos occidentales, un decreto oficial hizo retirar los bandos oficiales que habían prohibido la religión cristiana durante siglos, desde el inicio del siglo XVII; los cristianos apresados pudieron volver a sus casas. Pero en los años inmediatamente anteriores a 1873 habían muerto en las cárceles 664 cristianos, por inanición o por torturas. La discriminación respecto de los católicos, a veces por parte de algunos bonzos budistas, continuó hasta casi la segunda guerra mundial, a mediados del siglo XX.

El nuevo elenco de 188 mártires beatificados

El conjunto de los 188 mártires corresponde a una misma época (1603-1636). Todos ellos fueron víctimas de la misma tendencia claramente persecutoria respecto del cristianismo, con el objetivo claro y planificado de borrarlo totalmente del Japón. Esta lista de 188 corresponde a quienes fueron compañeros de otros numerosos mártires ya reconocidos precedentemente por la Iglesia como tales, y que sufrieron el martirio en las mismas circunstancias.

En la presente lista destaca la fidelidad a la Santa Sede, por parte de Julián Nakaura (sobre estas líneas); la tenacidad en seguir la vocación, padre Pedro Kibe; la heroicidad de misioneros y catequistas japoneses perseguidos y ocultos durante años; la vida cristiana de familias enteras sacrificadas, etc. Los treinta samurais martirizados, nobles y casi siempre con sus familias, junto con numerosos fieles del pueblo sencillo, son una muestra de la importancia de este martirio para la historia del Japón, en un momento clave de su unificación política en el inicio del siglo XVII; fueron fieles a la autoridad civil, dispuestos a dar su vida y sus haciendas por sus señores, pero nunca a renegar de su fe ni de los deberes de conciencia.

De los detalles concretos del martirio consta por parte de numerosos testigos y por documentos contemporáneos eclesiásticos y civiles, puesto que las autoridades dieron pie a la máxima espectacularidad de cada evento. Muchas veces, los perseguidores hicieron desaparecer los restos, por ejemplo arrojando las cenizas en el mar, para evitar el culto a las reliquias de los martirizados. Pero, todavía hoy, algunos de estos mártires son considerados como héroes por la sociedad japonesa no cristiana.

La intención anticristiana de los perseguidores es evidente, como consta por los edictos de los gobernantes, así como por la búsqueda organizada para apresar a todos los cristianos y la invención de toda clase de tormentos para conseguir la apostasía, con la cual hubieran quedado liberados del suplicio.

Cinco son religiosos: cuatro jesuitas -tres sacerdotes y un hermano- y un padre agustino; ciento ochenta y tres son laicos. Los treinta samurais murieron indefensos, dejando aparte las armas, hecho inexplicable y señal de cobardía en ellos si no fuera por un ideal superior. Hay niñas y niños pequeños, ya llegados al uso de razón, que mostraron una tenacidad heroica unida a su candor y fervor cristiano. Hay familias enteras, madres embarazadas o con sus hijos muy pequeños, jóvenes y ancianos, catequistas -uno era ciego- y gente sencilla del pueblo, que se prepararon asiduamente con oración y penitencias para el martirio, mostrando siempre no solamente entereza y fortaleza, sino también la alegría de dar la vida por Cristo.

Algunos de los mártires ya beatificados o canonizados anteriormente, habían dejado escrito su testimonio sobre estos 188 mártires, que han sido beatificados el pasado 24 de noviembre . La causa de los nuevos mártires, todos ellos japoneses y casi todos laicos (183), no había sido estudiada hasta hace pocos años. Fue Juan Pablo II, en su visita al Japón (año 1981), quien alentó a recordar y estudiar otros muchos mártires además de los ya reconocidos; esta invitación fue corroborada por una carta del entonces prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos, cardenal Agnelo Rossi.

viernes, 6 de enero de 2017

México conmemora en 2017 los 150 años de la beatificación de dos mártires








México conmemora en 2017 los 150 años de la beatificación de dos mártires



6 de Enero de 2017 /

Redacción (Viernes, 06-01-2017, Gaudium Press) Este 2017 se conmemoran 150 años de la beatificación de los mártires mexicanos Bartolomé Díaz-Laurel y Bartolomé Gutiérrez, quienes fallecieron en Japón por causa de su fe; y la Iglesia en México se prepara para recordar este acontecimiento de manera especial.

Ambos beatos fueron elevados al honor de los altares en 1867 durante el pontificado del Papa Pío IX el 7 de julio de ese año, formando parte del grupo de 204 mártires que encabezaba el dominico Alfonso Navarrete.

Bartolomé Gutiérrez nació en Ciudad de México el 4 de septiembre de 1580. A sus 16 años ingresó a los agustinos. Su actividad misionera la inició desde muy joven uniéndose primero a una misión en Filipinas con Fray Pedro Solis, donde en 1612 fue maestro de novicios.

Beato Bartolomé Días-Laurel.


Tras Filipinas emprendió su primer viaje a Japón que ocurrió de 1615 a 1617. Allí estuvo en el convento de Usuki. En esta época había una orden imperial de expulsión para los religiosos. Varios historiadores creen que Gutiérrez en efecto fue expulsado de Japón por el emperador Taiko Sama, el mismo que ordenó el martirio de San Felipe de Jesús, pero en 1618 regresó a Manila disfrazado y en compañía del Padre Pedro de Zúñiga.

Se sabe que el beato permaneció predicando a escondidas en Japón por 15 años, y que el 10 de noviembre de 1629, cuando se encontraba en la ciudad de Omura fue descubierto y arrestado por el rey Bongo. Durante su cautiverio fue enjaulado y torturado, recibiendo su martirio, quemado por fuego, el 8 de septiembre de 1629.

El beato Bartolomé Días-Laurel nació en la ciudad de los Reyes y Puerto de Acapulco en 1599. Fu hermano lego de los Descalzos franciscanos de la Provincia de San Diego, también en México. En 1619 viaja a Filipinas como misionero donde sirvió como enfermero. Llega a Japón en 1623 donde llevó a cabo una importante labor evangelizadora catequizando a los catecúmenos. El martirio lo sorprendió, también quemado a fuego, el 17 de agosto de 1627.

Para Mons. Armando Colin, Obispo Auxiliar de la Arquidiócesis de México, quien es citado por SIAME, esta conmemoración "es una oportunidad magnífica para promover la ejemplar vida de ambos beatos".

Con información de SIAME.



Contenido publicado en es.gaudiumpress.org

domingo, 21 de agosto de 2016

LA ACTUALIDAD ECLESIAL DE LA GRANDE PERSECUSION JAPONESA


LA ACTUALIDAD ECLESIAL DE LA GRANDE PERSECUSION JAPONESA (1603-1867)
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

         En 2017 se cumplen 150 años de la solemne Beatificación de un grupo de 205 mártires del Japón, dentro del cual se encuentra un paisano nuestro nacido en la ciudad de los Reyes y Puerto de Acapulco: Bartolomé Dias-Laurel. Cuya memoria de su martirio fue celebrada apenas el pasado 16 y 17 de agosto, con festivas convivencias en los barrios de Petaquillas y El Pozo de la Nación, así como por muchos catequistas a todo lo largo de las costas Chica y Grande que comprenden la Arquidiócesis de Acapulco, pues es el Patrón de todos los catequistas. La actualidad eclesial de esa Causa de Canonización, así como de la Grande Persecución Japonesa, está muy fuerte, y lo podemos comprender por tres eventos recientes:
1.-EN 2014, SE DESCUBREN 10 MIL DOCUMENTOS SOBRE LA PERSECUSION JAPONESA A LOS CRISTIANOS DURANTE MAS DE 200 AÑOS.
Un reciente descubrimiento realizado al revisar una colección de documentos no catalogados podría dar luz sobre una época oscura de la historia de la Iglesia en Japón: la cruel persecución de los creyentes en el período "Edo", de 1603 a 1867. La colección recibe el nombre de Documentos Marega. Los documentos, en papel arroz, encontrados en 22 bolsas, constituyen "un volumen inusualmente grande de registros oficiales que muestran campañas y acciones policivas y la privación de la libertad religiosa". Los registros dan cuenta de cómo se implementó la prohibición de la fe cristiana en el país asiático de forma detallada, con censos de la afiliación religiosa de la población, registro de la vigilancia a los familiares de quienes habían sido cristianos y documentación sobre cómo las autoridades obligaban a los pobladores a profanar imágenes religiosas como señal de apostasía. El P. Marega juntó estos testimonios únicos cuando vivía en la isla meridional de Kyushu, luego los llevó a Tokio y de ahí a Italia, donde falleció en 1978. Cuando después de aproximadamente dos siglos y medio –250 años después– los misioneros volvieron a Japón, millares de cristianos salieron a la luz y la Iglesia pudo reflorecer. ¡Habían sobrevivido con la gracia de su Bautismo! Pero esto es grande, ¿eh? El Pueblo de Dios transmite la fe, bautiza sus hijos y va adelante”.
2.-LUGARES HISTORICOS DE LA PERSECUCION CONTRA LOS CRISTIANOS EN NAGASAKI Y KUMAMOTO NOMINADOS A PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD
Entre ellos, el templo del "Milagro de Oriente" en Japón será nominado a Patrimonio de la Humanidad. Un panel de expertos del gobierno de Japón incluyó los lugares históricos de la persecución contra los cristianos en Nagasaki y Kumamoto, los cuales incluyen el templo católico de Oura, donde se registró lo que el Beato Papa Pío IX calificó como el "Milagro de Oriente". El proceso de selección de los lugares por parte de la UNESCO concluirá en 2018, El más llamativo es el Templo de Oura, construido por los primeros misioneros franceses después de más de dos siglos de prohibición de la religión católica y expulsión de todos los misioneros. Al concluir la construcción del templo, el 17 de marzo de 1865, el P. Bernard Petitjean encontró un grupo de personas frente al templo, quienes pidieron que se abrieran sus puertas. Cuando el sacerdote los guío dentro y se arrodilló frente al altar, una mujer le dijo "Tenemos los mismos sentimientos en nuestros corazones que usted. ¿Dónde está la imagen de la Virgen María?". Lleno de asombro, el sacerdote descubrió una comunidad de fieles, los “Kakure Kirishitans”, que transmitieron la fe de manera secreta, sin recurso a los sacramentos y debiendo ocultar sus oraciones, imágenes religiosas y otras manifestaciones de fe bajo la apariencia de elementos culturales y religiosos locales. Decenas de miles de creyentes salieron a la luz y el Beato Pío IX llamó "Milagro de Oriente" al extraordinario acontecimiento.
3.-Y FINALMENTE, SE CONOCERÁ LA PELICULA‘Silencio’, la nueva película de Martin Scorsese sobre los cristianos perseguidos en Japón
El director de cine Martin Scorsese por fin estrenará en este próximo diciembre su esperada película “Silencio”. Una cinta que contará el drama de los cristianos perseguidos en el Japón de los samurais. Scorsese, de formación católica, explica que la historia estará protagonizada por Liam Neeson, Adam Driver y Andrew Garfield. El director, ha basado el guión de su película en la novela Silencio del escritor católico japonés Shusaku Endo (1923-1997). Una historia que se ambienta en el Japón de los siglos XVI y XVII, el auge del cristianismo provocó que en 1614 comenzará una persecución sistemática contra los cristianos y se prohibiera que los sacerdotes siguieran su predicación.
4.-Todos estos eventos nos permitirá conocer el ambiente en el que murió nuestro paisano mártir Bartolomé Dias-Laurel. La persecución cruenta que se desató contra la Iglesia católica, inició en 1587 cuando el cruel Shogun Hideyoshi, denominado por los cristianos “Taicosama” emite un Decreto de Expulsión contra los jesuitas, y posteriormente, promueve en 1597 la primera y general persecución, dentro de la cual, el 5 de febrero de 1597, coloca la palma del martirio a 26 Santos Protomártires, al crucificarlos en la célebre colina de Nishizaka, entre ellos nuestro San Felipe de Jesús. Después de él, el Shogun Ieyasu, conocido como Daifusama, quien usurpa el trono al legítimo sucesor Findeiori (hijo de Taicosama), recrudecerá la persecución publicando el primer Edicto contra el cristianismo en 1614: Que se expulsara de la Corte y despojara de sus bienes a los príncipes que se declaraban cristianos, se destruyeran cruces, imágenes, iglesias, conventos, y hospitales; que se obligara a los fieles bajo pena de muerte a volver al culto de los ídolos. Pero los años más sangrientos se vendrán con su hijo Iemitsu o Xongunsama (1623-1651), quien perseguirá a los cristianos durante más de 40 años, azuzado por los Bonzos budistas, por una parte, que impusieron su control con las armas; y los calvinistas holandeses, por la otra parte, que querían libre campo para el comercio con el Japón.
Bartolomé y sus compañeros fueron apresados en mayo de 1627 en Nagasaki en casa de los terciarios franciscanos japoneses Gaspar Vas y su esposa María. Y llevados a Omura donde fueron encarcelados y juzgados. Antonio de san Francisco no estaba con ellos en el momento del arresto, pero se presenta ante el juez y es aprehendido. En la cárcel nuestros mártires dieron cumplimiento a la cristiana perfección con la fervorosa plegaria, profunda humildad, sobrehumana resignación y extraordinaria paciencia en sostener con gozo todas las privaciones y desaguisos de esa horrible prisión, la intemperie, el hambre, la sed, y el maltrato de sus carceleros, disponiéndose como grata hostia a Dios para la hora del sacrificio. En la cárcel, Antonio de san Francisco profesó solemnemente la regla de la Primera Orden. Allí mismo recibe el bautismo Francisco Cufioe.

¡Beato Bartolomé de Acapulco, ruega por nosotros!

jueves, 18 de agosto de 2016

SAMURAIS DE CRISTO

Samurais de Cristo
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16 de Agosto de 2016
 
Redacción (Martes, 16-08-2016, Gaudium Press) La mayoría de las personas al escuchar hablar sobre los Samurais piensan en impasibles pero furiosos guerreros, expertos en las artes marciales, armados con armaduras temibles y las legendarias katanas, espadas cuyo filo y dureza forman una síntesis insuperable.
Pero pocos saben que el significado de la palabra Samurai es "el que sirve" , y que ellos pertenecían a una élite militar que gobernó Japón durante siglos.

La sociedad de los Samurais

En la estructura de la sociedad Japonesa de hace unos 500 años claramente se pueden distinguir semejanzas con el régimen medieval europeo, como decía el Dr. Plinio Correa de Oliveira:
"En Japón floreció un régimen feudal bastante desarrollado. Una de las glorias de esa nación es haber intuido los principios de sabiduría que fueron los fundamentos del feudalismo medieval. Y de haber intuido esto de tal manera que, haciéndose el cotejo entre los regímenes medievales japonés y del régimen medieval en Occidente, se constatan trazos de semejanza. Una de las características inherentes al régimen feudal es una cierta noción patriarcal de grandeza del señor feudal, como padre y como protector de sus vasallos.
El padre es señor de sus hijos. El señor es padre de sus vasallos. El señor asume la plena protección de sus vasallos y los defiende contra los enemigos externos. Tal defensa de los vasallos incumbe más al señor que al rey." 1
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Los samurais eran esencialmente servidores de un señor, como lo dice el propio significado de la palabra, y es por eso que su vida giraba en torno de su "Señor feudal" que en el Japón era conocido como "Daimyo", y en última instancia en la fidelidad al Emperador.
Para los Samurais, el honor era un valor que debía de ser defendido hasta la muerte, sobre cualquier otra cosa, y claro está, principalmente el honor de su Señor.
Pero es interesante notar como esta civilización oriental, quizás por su fidelidad a la ley natural, no solamente llegó a asemejarse en su estructura social a la civilización cristiana, si no que de ella nació también un código de honor semejante al que dio, como uno de sus más preciosos frutos el Cristianismo, llamado el Bushido o "Camino del Guerrero", que en muchos de sus aspectos brilla por su semejanza con los ideales de un Caballero Católico.

El Camino del Guerrero

"Para el Samurai, la vida es un desafío, y la muerte es preferible a una vida indigna o impura." 2 Así lo declara uno de los más reconocidos libros sobre la filosofía del guerrero Samurai, el Hagakure.
El verdadero católico sabe que esta vida no tiene sentido si no es vivida según la voluntad de Dios, y que como decía Santo Domingo Savio, "más vale morir que pecar".
Y este parece ser uno de los puntos en que más brillaron, pero también más se vieron envueltos por las tinieblas los antiguos guerreros del Japón. Pues si bien es una gloria morir por un ideal superior, la vida de un guerrero se debe entregar solamente en la batalla, después de haber dado hasta la última gota de sangre luchando por aquello que se defiende. Y no existe deshonra tal que sea excusa digna para llegar al fatalismo de quitarse la propia vida, y más bien este mismo acto es una transgresión contra su propio ser y honor, y contra Dios queriendo hacerse señor de algo que no le pertenece: el dar la vida y la muerte. Y sabemos que lamentablemente uno de los aspectos emblemáticos de esta cultura era el desprecio por la vida en un suicidio ritual por deshonor "harakiri", que igualmente es importante aclarar, no era aceptado por todos.
Pero dejando estos aspectos no tan felices, reflejos del paganismo, se pueden ver otros aspectos que si acercaban al guerrero Samurai a lo que debería de ser un "guerrero ideal", que se preocupa por vivir de una forma digna, seria y buscando la perfección y pulcritud en lo interior y exterior.
En el "Camino del Samurai" hay siete virtudes fundamentales que deben ser practicadas:
Gi - justicia, Yu- Coraje, Jin - Benevolencia, Rei - Respeto, Cortesía, Makoto - Honestidad, Sinceridad absoluta, Meiyo - Honor, Chuugi - Lealtad.
De cada una de estas virtudes se podría hacer una disertación, pero parece mejor solo mencionarlas y hacer notar el aspecto más elevado del "Camino del Samurai", que era vivir y luchar por un bien superior a sí mismo.

El Guerrero ideal

Para un católico, esta vida es un constante combate. "He combatido el buen combate"3, dijo el glorioso San Pablo Apóstol, consciente que la historia de los hombres se resume en una constante lucha entre el bien y el mal, entre los que aman la Verdad y hacen la voluntad de Dios y los que siguen el padre de la mentira y el engaño.
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Es por esto que el guerrero arquetípico es el guerrero católico. No solo por poseer la más poderosa de las armas, que es la espada del espíritu. Sino que es digno de ser llamado guerrero ideal, porque sirve al Señor de los Señores, con una entrega total de cuerpo y alma, voluntad, sensibilidad e inteligencia. ¡Así es! Guerrero arquetípico, porque lo que realmente importa no es como se lucha, si no el porqué o por quién se lucha.
Es por eso que resplandecen con una luz toda especial los santos guerreros que combatieron por Nuestro Señor Jesucristo a lo largo de la historia, tales como: San Luis Rey, San Fernando de Castilla, Santa Juana de Arco, etc.
Pero también todos los gloriosos santos que llevaron a cabo grandes combates espirituales, contra la herejía o para llevar el Evangelio a todos los rincones del mundo, como lo fueron San Ignacio de Loyola y su discípulo San Francisco Xavier.
Este último, el misionero que impulsado por un fuego apostólico abrasador llegó por primera vez al "país del Sol naciente", Japón.

El país de oriente más adaptado al cristianismo

Cuán grande fue la sorpresa de los misioneros cristianos al encontrar en el extremo del mundo conocido, una civilización tan sofisticada, con elegantes edificaciones, tradiciones y pomposas ceremonias, como nunca habían visto fuera de sus países de origen.
Y qué alegría al constatar que en este pueblo existía una pureza de costumbres y deseo de perfección que claramente les predisponía a aceptar la luz del Evangelio.
Es por esto que San Francisco Xavier llegó a afirmar que Japón era: "El país de Oriente más adaptado al cristianismo". Y también llegó a decir en un arrebatamiento de celo apostólico: "Japón es la delicia de mi corazón".
Poco tiempo después de la llegada de los primeros misioneros, este árbol del Japón, comenzó a florecer y dar abundantes y valiosísimos frutos. Se construyeron Iglesias y el evangelio era aceptado por los más grandes señores, intelectuales y aristócratas de esta tierra que tanto prometía.
Y fue en ese momento que se vio como "El Camino del Guerrero" alcanzó su punto auge en la historia, cuando los Samurai decidieron poner su espada, que para ellos era un símbolo del alma del guerrero, al servicio de un Señor, no de esta tierra, si no el Señor Creador del Cielo y de la Tierra, y así se convirtieron en Samurais de Cristo.

Una persecución sin precedentes

Pero no había el árbol terminado de dar sus primeros frutos cuando la furia del mal lo azotó, con una tormenta como pocas veces, o quizás nunca se vio en la historia del Cristianismo.
Principalmente a partir del gobierno de los Tokugawa, por razones que serían muy largas de explicar, se prohibió de forma absoluta la práctica del cristianismo y se persiguió sin descanso hasta el último que profesase la verdadera religión.
Y es aquí que esta página dorada de la historia de la Iglesia se vio teñida por la sangre de miles de mártires, de guerreros victoriosos, de samurais de Cristo.
Son pocas las crónicas que existen, que cuentan los maravillosos hechos que se vieron en esos tiempos, cuando en medio de la tormenta resplandecieron luces de fe de una belleza arrebatadora.
Apenas comenzaron las primeras ráfagas de la persecución, un fervor y un deseo de obtener la corona del martirio comenzó a tomar cuenta de todos los cristianos.
Cuenta el Padre Pierre Francois Xavier de Charlevoix, en su "Historia del Cristianismo en Japón" que en esos tiempos era común ver a los "señores feudales" y nobles Cristianos, junto con sus familias, presentándose delante de las autoridades para declarar públicamente que eran Cristianos y que estaban dispuestos a entregar su vida si fuera necesario, para así dar testimonio de su amor a Jesucristo. Y cuando se corrió el rumor de que los primeros cristianos serían martirizados públicamente en Nagasaki, las damas cristianas comenzaron a hacerse trajes magníficos para presentarse con más esplendor el día de su triunfo, como llamaban ellas al de su muerte.
Se cuenta por ejemplo, de un noble Samurai de Bungo llamado Andrés Ongazavara que cuando supo que se formaba una lista de los cristianos, y sabiendo bien que el fin de esta era obtener candidatos para el martirio, dijo públicamente que nadie podría disputarle el derecho de que su nombre fuese de los primeros, y cuando alcanzó su deseo trató de proporcionar a toda su familia la felicidad que creía haberse asegurado. Pero temiendo Ongazavara que su padre, anciano de ochenta años, recientemente bautizado, conocido como uno de los mejores guerreros de Japón, no hubiese conocido plenamente el valor y la verdadera grandeza de la humildad cristiana, creyó que lo mejor sería inducirle a que se retirase a una casa en el campo, donde nadie le fuese a molestar. Pero al proponerle esto a su padre recibió una respuesta impresionante:
"¿Cómo has tenido la osadía de aconsejarme que huya?¡Bella cosa es que tema yo la muerte a mi edad después de haberla arriesgado tantas veces en combate! Si es honroso morir por un príncipe, respondió el anciano ¿con cuánta más razón no ha de ser el dar la vida por un Dios que fue el primero en dar la suya por nosotros?" 4
Y así como este, son incontables los hechos fulgurantes de heroísmo, entrega y amor a Dios, que marcaron esa era en Japón.

Samurais de Cristo

Pero son especialmente bellas las historias de miembros de la estirpe guerrera del Japón, que solo me permito mencionar, como la de Takayama Ukon, bautizado como Justo Takayama, que pasó de ser uno de los Daimyos más reconocidos por sus habilidades militares a ser un católico ejemplar admirado por sus virtudes en todo Japón. Este fue exiliado por no querer renegar de su Fe, sufrimiento que aceptó gustoso, abandonando todas sus riquezas y comodidades, y abrazando la humillación por amor a Nuestro Señor Jesucristo. Al día siguiente de su llegada a Filipinas, después de penosos viajes y enfermedades murió en olor de santidad.
También existen otras historias como la de Amakusa Shiro, que siendo descendiente de samurais, a semejanza de Juana de Arco, con tan solo 16 años lideró la última resistencia del catolicismo, en lo que pasó a la historia como la rebelión de Shimabara, venciendo con una fuerza de 27.000 hombres, en su mayoría campesinos, ejércitos mucho mayores de Samurais, que no podían entender de dónde les venía la fuerza y destreza a esos hombres sin experiencia en las armas. Solo después de meses de asedio en el castillo de Shimabara y con la ayuda de barcos de guerra holandeses, fueron derrotados estos gloriosos mártires, cerrando así un siglo de oro de Cristianismo en Japón.

Un mundo sin honor

Existen ciertas palabras que poco a poco van desapareciendo en el lenguaje del hombre moderno, ya sea por la falta de uso o porque han perdido su sentido y no repercuten más como lo hacían antes en las almas.
Una de esas palabras es el "Honor", que parece ya no ser necesario en un mundo en que las personas se preocupan solo por sus propios intereses y están a dispuestos a hacer cualquier cosa para obtener lo que desean.
Otra es la palabra "Solemnidad", ya que las personas que podrían ser calificadas de "solemnes" se podría decir que están en peligro de extinción, en un mundo donde ya no existe más la ceremonia, compostura, dignidad y el espíritu de perfección en los actos humanos.
Es raro también escuchar que se califique a alguien como una persona "Leal", pues en una sociedad cada vez más igualitaria y egoísta ya casi nadie se interesa por servir con amor y verdadera entrega a un ideal o a un señor, y mucho menos en serle leal.
Y así podríamos seguir haciendo la lista de palabras que van perdiendo su utilidad hoy en día. ¿Pero cómo es posible que palabras tan bellas y llenas de significado, parezcan haber caído en el olvido?

Necesitamos verdaderos guerreros

El relativismo, egoísmo, materialismo, y el libertinaje siempre camuflado de "Libertad" quizás sean las palabras que han sustituido hoy en día los nobles ideales del pasado.
Los jóvenes bombardeados por todo tipo de basura en los medios de comunicación, sin ninguna disciplina y concentrados solo en sus propios intereses ya no se preocupan por tener un noble ideal, y solo luchan para sobrevivir en un mundo salvaje.
Decía Paul Claudel "La juventud no fue hecha para el placer, si no para el heroísmo"
Y es por esto que vemos que lo que el mundo necesita hoy en día es verdaderos guerreros, héroes de la Fe, caballeros al servicio del único Señor, Jesucristo.

Buscando el espíritu samurai

Pero volviendo a Japón. ¿Será que perduran hoy en día en estas tierras los ideales de los legendarios guerreros samurai?
Si analizamos bien quizás podamos descubrir algunas de estas luces del pasado.
Muchas personas se maravillan hoy en día al ver la fortaleza y tenacidad del pueblo Japonés frente a los desastres naturales y como salen adelante luchando contra las adversidades.
Admiran también el espíritu solemne de los japoneses que aún hoy en día permanece en la vida social y en una admiración por ceremonias del pasado.
E incluso en nuestros días es gratificante constatar la honestidad que perdura en los japoneses como una clara reminiscencia al honor antiguamente tan venerado.
Y es contemplando estos aspectos y otros más del Japón moderno que se constata, que esta nación no abandonó del todo el "Camino del Guerrero", y que muchos de sus saludables principios siguen dando orden y belleza a esta nación.
Pero por otro lado, es triste ver como el materialismo ha hecho destrozos también en el Japón moderno, haciendo las personas cada vez más egoístas y sin idealismo, trayendo consigo la tristeza y la desesperación, hasta el suicidio, tan común hoy en día en esta nación.
¿Dónde buscar entonces la esperanza en un país que parece poco a poco perder en un mar de materialismo las bellezas metafísicas que conforman su verdadera identidad y tanto brillaron en su pasado?¿Será que se puede recuperar el "espíritu samurai", gloria eterna del Japón?

Buscando la cima del monte Fuji

Es mundialmente conocido el Fuji-San, montaña más alta y bella de Japón, que se caracteriza por una cima nevada que parece fue cortada por el filo de una temible katana.
Esta montaña, sagrada para muchos japoneses, representa el anhelo de un progreso espiritual hasta lo más alto. Pero es interesante recordar que en lo más alto falta la cima, falta el pico que le dé sentido a toda esa monumental obra de la naturaleza.
Hablando en forma metafórica: qué maravilla será cuando los habitantes de la tierra del sol naciente, en su totalidad, descubran que la cima del Fuji se completaría si ellos aceptasen la verdadera Fe.
En un amanecer fulgurante verían brillar, ahora si con entera claridad, la luz divina que ellos como nación, samurais servidores del eterno Sol, Jesucristo, han sido llamados a reflejar.
Por Santiago Vieto
___
1- Extracto de conferencia del Prof. Plinio, del 22¬/06¬/1970. Sin revision del autor.
2- Fragmento de: Yamamoto Tsunetomo. "Hagakure: El Camino del Samurai".
3- 2 Timoteo 4:7



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domingo, 7 de agosto de 2016

EL BEATO BARTOLOME DIAS-LAUREL, UN SANTO LAICO DE ACAPULCO


EL BEATO BARTOLOME DIAS-LAUREL, UN SANTO LAICO DE ACAPULCO
Pbro. Juan Carlos Flores Rivas

         Laico, quiere decir, quien no es clérigo o sacerdote. Y en el caso del Beato Bartolomé Días-Laurel, se trata de un laico que ha alcanzado el grado heroico del martirio, ha dado su vida por Cristo, y eso es digno de ser recordado, de ser imitado, de ser puesto como modelo de vida.
         La Iglesia en Acapulco lo celebra los días 16 y 17 de agosto, pues murió quemado vivo en una hoguera en la colina Nisizaka, en Nagasaki, Japón, un 17 de agosto de 1627, sobre todo en tres lugares principalmente: en primer lugar en la Santa Iglesia Catedral de Nuestra Señora de la Soledad, lugar donde siempre ha estado la sede de la parroquia de Acapulco, y donde sin duda alguna el Beato Bartolomé recibió los sacramentos de iniciación cristiana (bautismo, confirmación, reconciliación y comunión). También en el Barrio de Petaquillas, donde fue construida con motivo del Quinto Centenario de la Evangelización, ya hace muchos años, una pequeña capilla en su honor, que en sus líneas arquitectónicas en la fachada pretende recordar a una pagoda japonesa. Y otro lugar es el Barrio de El Pozo de la Nación, lugar donde estuvo asentado el Convento de Nuestra Señora de Guía, lugar donde surgió la vocación religiosa del Beato Bartolomé, y junto al convento, lugar donde sin duda alguna nació. Pero también en toda la Arquidiócesis de Acapulco (franja costera del Estado de Guerrero, desde el municipio de Petatlán hasta el municipio de Cuajinicuilapa), ya que el Beato Bartolomé fue declarado Patrón de los Catequistas, y su celebración es el Día del Catequista en la Arquidiócesis de Acapulco.
El Beato Bartolomé Días-Laurel fue parte de una reforma de la vida franciscana conocida como la descalsez. Y dado que no fue ordenado sacerdote, profesó como hermano lego, es decir es un laico.
¿Cómo era el clima espiritual de los Padres Descalzos franciscanos? Los Descalzos fueron parte de un amplio movimiento de reforma de la Orden Franciscana en España conocida como la “Observancia”, por la fama e importancia de San Pedro de Alcántara, quien forma parte de este grupo, serán llamados también “alcantarinos”. Buscaban el seguimiento radical de Cristo, pobre y humilde, según el ideal de San Francisco de Asís, en el compromiso de una vida en comunidad, al servicio del hermano que sufre, de los enfermos, y en las misiones. Con una observancia estrictísima en la dependencia de los superiores, distinguiéndose por la importancia del hábito y andar descalzos, como signo de fidelidad al espíritu del Fundador. Esta corriente renovadora dio grandes santos, como: San Pedro de Alcántara (+1562), de cuya penitencia y suavidad de espíritu hizo el más acabado elogio Santa Teresa de Jesús; San Pascual Bailón (1592), quien nos enseñó un gran fervor a la sagrada Eucaristía; San Felipe de Jesús, nuestro primer mártir mexicano Canonizado; y nuestro Beato Bartolomé Días Laurel.
¿Cómo fueron sus años de formación en el Noviciado? A los 16 años es admitido en el noviciado del Convento de San Buenaventura en Valladolid (hoy Morelia, Michoacán).donde recibió el hábito por vez primera el 13 de mayo de 1615, de manos del Padre Fray Miguel Tolón. Como san Felipe de Jesús, deja el convento, pero vuelve al año siguiente y es admitido como prueba de su intachable conducta. Teniendo 17 años recibe el hábito por segunda ocasión el 17 de octubre de 1616, de manos del Padre Fray Alonso de Santa María. En la flor de sus 18 años profesó como Hermano Lego el 18 de octubre de 1617 de manos del Padre Fray Antonio de la Cruz. El testimonio de un contemporáneo nos dice: su maestro, para ponerlo a prueba, le señaló el humilde oficio de llevar la mezcla a los albañiles que construían una parte del Convento, y nuestro Bartolomé respondió con diligencia, cumpliendo lo que su maestro le mandaba.
¿Qué es un Hermano Lego? En las comunidades religiosas, como es el caso de los franciscanos, hay religiosos que no son sacerdotes, son laicos, y se distinguen por el ejercicio de oficios ordinarios y manuales, en las faenas domésticas, sirviendo con alegría a los enfermos, o ejerciendo oficios mecánicos en beneficio de propios o extraños a la comunidad "a la manera que colaboran entre sí las hormigas y las abejas". Recorriendo pueblos y ciudades enseñando el catecismo a los sencillos. Esto era nuestro Beato laico Bartolomé.
¿Dónde y cómo ejerció su Apostolado Laico nuestro Bartolomé? Ejerció su apostolado misionero como enfermero, catequista y servicial en México de 1617 a 1619; en Manila y su región, Filipinas, de 1620 a 1623; y en Nagasaki, Japón, de 1623 hasta el momento de su muerte en 1627. Por el testimonio de quienes lo conocieron, sabemos que siempre fue incansable, trabajó en comunidad y se distinguió por su sapiencia en el ejercicio de la medicina.
¿Cómo fue su apostolado en Filipinas? Siempre fiel compañero y servicial del padre Fray Francisco de Santa María, ejerció su apostolado como enfermero en el famoso Convento y Hospital de Nuestra Señora de los Ángeles y en las aldeas circunvecinas a Manila. Con diligencia, resguardando en los enfermos a Jesucristo mismo, y esperando de él la retribución del cielo. En este humilde y caritativo empeño de servir a los enfermos, alcanzando la virtud propia de su estado laical, siendo ocasión de aprender bien el lenguaje japonés, enriqueciéndose del conocimiento de muchas enfermedades y medicamentos, que tanto le servirían después en el Japón para conquistar almas, sanándolas del morbo del error, mientras atendía a curar los males del cuerpo.
¿Cómo fue su apostolado en Japón? Siempre formando comunidad fecunda con el Padre Santa María y el catequista japonés Fray Antonio de San Francisco. Vestido de japonés, atendía las necesidades de los fieles en medio de fatigas y peligros por los montes, en los bosques, entre las grutas, o por la ciudad y los pueblos. Empeñándose en la conversión de los paganos. Era el servicial y asistente del Padre Santa María, precediéndolo con el fardo de utensilios para celebrar la Santa Misa, y con los medicamentos para curar los enfermos, que había muchos por dondequiera que andaban. Gracias a su pericia del arte médica nuestro santo laico podía con menor peligro entrar en las casas y en los tugurios de los pobres y les suministraba con grande caridad y por amor de Dios la medicina a los enfermos, teniendo el empeño de confortarlos en la fe si eran cristianos o de catequizarlos si eran infieles, dando lugar al Padre Santa María para cumplir el resto.

Te invitamos a celebrar al Beato paisano nuestro, el próximo 16 de agosto, y el día que murió quemado vivo a fuego lento el 17 de agosto. ESPECIALMENTE LAS CATEQUISTAS, por ser el Patrón de los catequistas en la Arquidiócesis de Acapulco. ¡Acércate a la Parroquia más cercana, o también a la Iglesia de Tambuco (Caleta), Santa Misa 6 p.m.

sábado, 6 de agosto de 2016

"SILENCIO", LA NUEVA PELICULA DE MARTIN SCORSESE SOBRE LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS EN JAPON


‘Silencio’, la nueva película de Martin Scorsese
 sobre los cristianos perseguidos en Japón
De Joana Ortiz Fernández -  06/08/2016 Tomado del blog de noticias Actuall

Tras un accidentado rodaje, el director de formación católica, presentará en diciembre el drama de dos jóvenes jesuitas que viajan a Japón en busca de un misionero que ha perdido su fe después de sufrir innumerables torturas.

  
El director de cine Martin Scorsese por fin estrenará en diciembre su esperada película Silencio. Una cinta que está en la mente del cineasta desde 2004 y que contará el drama de los cristianos perseguidos en el Japón de los samurais.

Scorsese, de formación católica, explica que la historia estará protagonizada por Liam Neeson, Adam Driver y Andrew Garfield, y tratará de dos jóvenes jesuitas que viajan a Japón en busca de un misionero que ha perdido su fe después de sufrir innumerables torturas. Allí vivirán la experiencia de la persecución.

La cinta, producida por Paramount, ha vivido un rodaje muy accidentado durante las 14 semanas de grabación en Taiwán. Según cuenta Religión en Libertad, en enero del 2015, un techo se derrumbó causando la muerte de un empleado e hiriendo a otros tres.


Martin Scorsese, director de la película Silencio. / Wikimedia

El director, ha basado el guión de su película en la novela Silencio del escritor católico japonés Shusaku Endo (1923-1997). Una historia que se ambienta en el Japón de los siglos XVI y XVII, y que se centra principalmente en el choque de mentalidades entre la espiritualidad de los jesuitas españoles y portugueses y el pragmatismo materialista de los japoneses.

El autor escribió esta novela tras años de estudiar la literatura cristiana francesa y a autores como Paul Claudel o Emmanuel Mounier.

La persecución de cristianos en Japón

Las primeras persecuciones de conversos japoneses se dieron a nivel local, provocada principalmente por los protestantes ingleses y holandeses, por el clero budista y la nobleza. Los ataques se produjeron hasta 1873, llegándose a expandir por todo el imperio.

La novela cuenta como los jesuitas comienzan a predicar en el país bajo el acoso de las autoridades. La persecución hizo plantearse a los religiosos y al padre Sebastián Rodríguez, enviado a Japón para consolar a los allí que se encontraban y juzgar a un sacerdote apóstata, si realmente valía la pena sufrir tantas desgracias, incluso quién es verdaderamente Jesús y el papel de Dios.

La persecución causó 1.000 mártires directos,

 y muchos miles de cristianos laicos

 murieron a causa de las enfermedades


Los misioneros católicos llegaron a Japón en 1549 y aunque, en un principio la fe cristiana no parecía calar en la comunidad nipona, finalmente se estableció en el país. En 1600 ya había 95 jesuitas extranjeros en el país (57 portugueses, 20 españoles, 18 italianos) y al menos 70 jesuitas nativos de Japón.

El auge del cristianismo provocó que en 1614 comenzará una persecución sistemática contra los cristianos y se prohibiera que los sacerdotes siguieran su predicación. A partir de este momento, el cristianismo se volvió clandestino y según los historiadores, al menos 18 jesuitas, 7 franciscanos, 7 dominicos, 1 agustino, 5 sacerdotes seculares y un número desconocido de jesuitas nativos, fueron descubiertos y ejecutados.


Silencio, la nueva película sobre la persecución a los cristianos

La persecución causó 1.000 mártires directos, y muchos miles de cristianos laicos murieron a causa de las enfermedades y de la pobreza al serles confiscados sus bienes.

Durante 240 años Japón permaneció cerrado al mundo y aunque algunas comunidades intentaron mantener el cristianismo sin contacto con el exterior y sin sacerdotes, el número de católicos disminuía y se iban alejando del cristianismo.

Esta película, que sin duda será excelente,
 nos permitirá comprender la                           Grande Persecución Japonesa,
 dentro de la cual alcanza
 la palma del martirio
 nuestro paisano acapulqueño
 Fray Bartolomé Días-Laurel 

sábado, 30 de julio de 2016

LUGARES HISTORICOS DE LA PERSECUCION CONTRA LOS CRISTIANOS EN NAGASAKI Y KUMAMOTO NOMINADOS A PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD


El templo del "Milagro de Oriente" en Japón será nominado a Patrimonio de la Humanidad.

Tokio (Viernes, 29-07-2016, Gaudium Press) Un panel de expertos del gobierno de Japón incluyó los lugares históricos de la persecución contra los cristianos en Nagasaki y Kumamoto, los cuales incluyen el templo católico de Oura, donde se registró lo que el Beato Papa Pío IX calificó como el "Milagro de Oriente". El proceso de selección de los lugares por parte de la UNESCO concluirá en 2018, cuando se espera que los lugares sean incluidos en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad.
La recomendación de estos lugares comenzó en 2015, pero en ese momento un comité de consejeros de UNESCO advirtió al gobierno japonés que la documentación anexada era insuficiente. Por este motivo, las prefecturas de Nagasaki y Kumamoto reformularon sus presentaciones siguiendo las sugerencias del Consejo Internacional sobre Lugares y Monumentos de enfocarse más en la relación de estos sitios con la persecución de los cristianos, un elemento insuficientemente expuesto anteriormente.
Si bien la lista de lugares que se someterá a evaluación desde febrero de 2017 incluye varios templos y lugares donde los cristianos se ocultaron durante la persecución del Período Edo (de 1603 a 1868), el más llamativo es el Templo de Oura, construido por los primeros misioneros franceses después de más de dos siglos de prohibición de la religión católica y expulsión de todos los misioneros.
Al concluir la construcción del templo, el 17 de marzo de 1865, el P. Bernard Petitjean encontró un grupo de personas frente al templo, quienes pidieron que se abrieran sus puertas. Cuando el sacerdote los guío dentro y se arrodilló frente al altar, una mujer le dijo "Tenemos los mismos sentimientos en nuestros corazones que usted. ¿Dónde está la imagen de la Virgen María?". Lleno de asombro, el sacerdote descubrió una comunidad de fieles, los Kakure Kirishitans, que transmitieron la fe de manera secreta, sin recurso a los sacramentos y debiendo ocultar sus oraciones, imágenes religiosas y otras manifestaciones de fe bajo la apariencia de elementos culturales y religiosos locales. Decenas de miles de creyentes salieron a la luz y el Beato Pío IX llamó "Milagro de Oriente" al extraordinario acontecimiento.
Con información de Japan Today.

Contenido publicado en es.gaudiumpress.org, en el enlace http://es.gaudiumpress.org/content/81008#ixzz4FvAngR4O

lunes, 20 de junio de 2016

HACIA LOS 150 AÑOS DE LA BEATIFICACION DE LOS 205 MARTIRES DEL JAPON


Hacia los 150 años de la Beatificación de los 205 Mártires de Japón

Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

El 7 de julio de 1867, Domingo IV después de Pentecostés tuvo lugar la Solemne Beatificación de 205 Mártires de Japón, encabezados por el dominico toledano Alfonso Navarrete, entre los que se encuentra nuestro paisano acapulqueño Fray Bartolomé Días-Laurel, de la Apostólica Orden de los Descalzos Franciscanos. Acontecimiento que cumplirá el 150 aniversario en el año 2017.
 La crónica de aquél día relata: “Para cumplir la solemne ceremonia, los Cardenales que componen la Sacra Congregación de los Ritos –congregación hoy desaparecida y que dio lugar a la Congregación para las Causas de los Santos-; los Prelados y los Consultores pertenecientes a la misma Congregación, así como el capítulo y el clero de la Basílica de San Pedro en Roma, se reunieron hacia las diez horas de la mañana en el presbiterio. Monseñor Bartolini, Secretario General de la Congregación de los Ritos, así como los superiores generales de las órdenes religiosas a las que pertenecían los beatos (Dominicos, agustinos, jesuitas y franciscanos), habiendo obtenido el asentimiento del Cardenal Patrizi, Prefecto de la Congregación y del Cardenal Mattei, Obispo de Ostia y Velleri, Decano del Sacro Colegio, y Archipreste de la Basílica, dieron lectura a la Bula de Beatificación “Martyrum rigata sanguine”, proclamada por el Papa Pío IX el 7 de mayo de 1867. El Te Deum fue enseguida cantado, y en el momento de ser entonado, resonaron las campanas y detonaciones de morteros, y fue descubierto por encima del altar, entre los esplendores de fulgurantes rayos, en medio de luces y colores de una espléndida luminaria, las imágenes de los Beatos Mártires; simultáneamente, el estandarte donde eran representados, en la grande logia situada sobre la fachada, propiamente a la entrada principal de la Basílica, fue descubierto.
A esta ceremonia sacra siguió la celebración de una solemne Misa, que fue pontificada por Monseñor Puecher-Passavalli, de la Orden de los Capuchinos, Arzobispo de Iconium, Vicario de la basílica. Esta Misa fue acompañada de una excelente música a dos coros, dirigida por el caballero Salvatore Meluzzi, Maestro de la Capilla Julia.
Hacia las seis horas de la tarde, Su Santidad -el hoy también beatificado- Pio IX, acompañado de los Cardenales y de su Noble Antecámara, ingresó procesionalmente a la Basílica vaticana. Entonces adoró al Santísimo Sacramento, y se acercó al presbiterio para venerar a los nuevos Beatos. Entonces los Padres superiores generales de las Órdenes y los Padres postuladores de la Causa ofrecieron a Su Santidad los dones ordinarios de las Reliquias, de las Vidas, de las Imágenes de los Beatificados y un arreglo de flores. Después que Su Santidad salió del sacro templo se cantaron solemnemente las Vísperas, por los asistentes, el Capítulo y el clero de la basílica.
El pueblo que acudió a visitar a los nuevos Beatos fue tan numeroso durante todo el día, e incluso hasta bien entrada la mañana que le siguió. La decoración de la Basílica Vaticana, que incluyó el coro y comenzó por los pilares de la cúpula, giraba por todo el presbiterio, fue realizada por el arquitecto, caballero Fontana, quien fue el autor. En estandartes fueron representados los milagros y los prodigios de los Beatos; en la cornisa sur que es puesta en el límite del coro una pintura en forma circular, donde se apreciaban las gloriosas imágenes de los Beatos.
 Tales fueron las solemnidades celebradas para honrar la glorificación de los Siervos de Dios…. Por la tarde, las fachadas de las Iglesias de las órdenes religiosas a las cuales pertenecieron los Beatos, brillaron de copiosas luminarias. (Tomado de: Annales Franciscaines III (1865 – 1867), pp. 752 – 753. También en: La Civiltà Cattolica XI (1867), pp. 249 – 250). Bartolomé Días-Laurel, quien se encuentra en este grupo de mártires, es nativo de Acapulco, y fue proclamado por Monseñor Rafael Bello Ruiz como Patrón de los catequistas de la Arquidiócesis de Acapulco. Invitamos a todos a hacer en la Misa el próximo 7 de julio, una memoria especial invocándolo, particularmente en el contexto del Año Santo Extraordinario de la Misericordia. Ya que el Beato Bartolomé dedicó su apostolado a ejercer la Misericordia con los enfermos, a los que curaba, y en los que veía al mismo Cristo sufriente. Que su ejemplo heroico de entregar su vida por Cristo nos inspire para un apostolado laico comprometido, y un ministerio catequístico fuerte en Acapulco. Los catequistas en toda la Arquidiócesis, les invitamos a que acudan el próximo 7 de julio a Misa, y soliciten a sus párrocos su memoria litúrgica.
 ¡Beato Bartolomé de Acapulco, intercede por nosotros!