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martes, 16 de septiembre de 2008

PROPUESTAS CONCRETAS



Conclusión: PROPUESTAS CONCRETAS.
Al llegar al final de este apretado, y en ocasiones árido recorrido, no me queda más que elaborar alguna hipótesis de trabajo futuro, con la finalidad de que este aporte no se inscriba entre las vicisitudes señaladas ya por el Siervo de Dios Pío IX, sino más bien con ánimo bien dispuesto, sea incluida entre las disposiciones de la divina providencia, como iniciativa jubilar que recupere, al menos en parte, el recuerdo de los que han sufrido el martirio.

Desde el inicio de esta investigación, quedaba claro que urgía un conocimiento aproximativo, y en la medida de lo posible preciso, canónico e histórico, de los pormenores de esta notabilísima causa, pero esta iniciativa partía desde intereses concretos, y esto condicionó la estructura del trabajo en manera deductiva, es decir, se procedió de lo universal a lo particular, descendiendo de una serie de notas generales (Preámbulo), pasando por un mínimo conocimiento histórico de la “Grande persecución japonesa”, alcanzando posteriormente un análisis de la Causa que recupera al más grande número de los mártires de la misma (Capítulo 1), para proceder a la ubicación del Martirio que nos interesa (Capítulo 2), recuperando algunos aspectos canónicos que nos permiten realizar un juicio ponderado (Capítulo 3), que ahora nos facilitarán aterrizar en el campo de la práctica pastoral.

Teniendo las causas de canonización una naturaleza formalmente jurídica, es evidente que se necesita la conformación de un Actor[1] que promueva esta causa. Que asumiendo la responsabilidad moral frente a la Iglesia particular de Acapulco, establezca una base sólida para solicitar, eventualmente, la reasunción de la causa, o en su defecto la instrucción y extracción del Beato Bartolomé Días - Laurel, por su evidente oportunidad eclesial para la Arquidiócesis.

Pienso, particularmente, que haciendo uso del derecho de asociación reconocido y tutelado por el derecho canónico actual[2], se podría bien formalizar una Asociación[3] - pública o privada - de Amigos del Beato Bartolomé Días - Laurel, en Acapulco, que entre otras tareas se proponga:

a. Investigar la verdad[4] que permita fundar históricamente la certeza moral tanto sobre el origen acapulqueño del Beato Bartolomé, como sobre la importancia eclesial de reasumir su causa para la Arquidiócesis de Acapulco.

b. Promover, con iniciativas coordinadas e informadas, la devoción del Beato en todos los niveles de la Iglesia y de las comunidades, tanto en la Arquidiócesis, como en la República mexicana, donde ya se celebra con memoria particular desde 1892[5].

c. Inspirar y promover iniciativas pastorales que estén en estrecha relación con las virtudes heroicas practicadas por el Beato Bartolomé: catequísticas, de asistencia social, misioneras, juveniles, etc. Ya que las Beatificaciones y canonizaciones manifiestan la vitalidad de las Iglesias locales[6].

En el horizonte no desaparece la posible reasunción del total de la Causa, que actualmente está en manos del Promotor General de las Causas de Canonización de la Orden de Predicadores[7]. Dado que la normativa actual exige para la canonización de todo el grupo de 205 mártires la existencia de un solo milagro realizado por la intercesión de todos ellos después de la Beatificación, como ya ha quedado aclarado en la parte correspondiente[8]. Bastaría un sólo milagro para la Canonización de todo el grupo[9].

En un primer planteamiento, parece difícil proponer la eventual asunción del total de la causa por parte de la Iglesia particular de Acapulco, pues requiere un arduo trabajo de coordinación que ya anteriormente ha implicado a cuatro grandes y venerables ordenes religiosas (Franciscanos, Agustinos, Jesuitas y Dominicos), y a un número igualmente amplio de diócesis en países tan distantes (como Nagasaki, Toledo, Génova, México, etc. por mencionar sólo algunas), así como un impresionante trabajo de investigación documental relacionada con 205 mártires, en un arco de tiempo muy largo. Elementos que, todos sumados, han sido factor decisivo en la lentitud que ha marcado la presente causa. El futuro Actor tendrá la palabra.

Es indudable que la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos (Tertuliano, Apol. 50, 13: CCL I, 171). Pues entre el mártir y la Iglesia se establece un lazo recíproco. La Iglesia se ocupa y se preocupa por el mártir en su camino hacia el encuentro definitivo con Dios. Y a esta participación de la Iglesia en el camino del mártir, éste no responde solamente con una actitud agradecida por el amor y la ayuda recibidos, sino que se interesa por los problemas de las comunidades haciéndose partícipe de ellos[10].

“Así como Pedro[11] y Andrés rogaron en favor de la viuda... es preciso que los mártires rueguen por nosotros, cuyo patrocinio podemos reclamar...
Pueden rogar por nuestros pecados, puesto que, si también tuvieron pecados los han lavado con la propia sangre.
Esos son, en efecto, los mártires de Dios, nuestros intercesores, testigos oculares de nuestras vidas y de nuestros actos.
No nos avergoncemos de emplearlos como intercesores de nuestra debilidad, porque ellos mismos, aunque la vencieron, han conocido la debilidad del cuerpo” (San Ambrosio de Milán)[12].

Podemos reclamar el patrocinio de los mártires, exclamaba San Ambrosio de Milán, y esa es una pretensión que podemos fundar concretamente en la Arquidiócesis de Acapulco, en atención al deber para cada una de las iglesias...de honrar en modo particular a sus propios santos[13]. En el caso de las celebraciones particulares propias de una diócesis: de santos o beatos... pertenecientes a una diócesis por motivos particulares... como su nacimiento...[14]

El gesto del Martirio, de Bartolomé Días - Laurel concretamente, por las inescrutables disposiciones de la divina providencia producirá en la joven Iglesia particular de Acapulco: la recuperación de la memoria de fe del pueblo cristiano; la recuperación de una hagiografía reformulada desde el Misterio de Cristo; la recuperación del patrimonio de santidad que pertenece a toda la Iglesia; y en general, la recuperación pastoral del culto a los santos, tan atacada tanto por ideologías externas que se presentan como “evangelismo”, como por ideologías internas disfrazadas de pseudo - teologías y sus correlativos “historicismos”.

Las palabras de Eusebio de Cesarea siguen vigentes hoy:
“¿No es vergonzoso que la memoria de tiranos impíos y ateos encuentren escritores resueltos que adornen con lenguaje elegante la relación de sus indignas acciones y las hagan constar en historias voluminosas, y que en cambio nosotros... guardemos silencio?
Es nuestro deber, si de alguno, proclamar ampliamente las virtudes para todos aquellos a quienes el ejemplo de nobles acciones puede llevar al amor de Dios.
Algunos han escrito la vida de hombres indignos y han escrito acciones que no sirven para mejorar las costumbres, bien por amistad, bien por odio hacia alguno, y quizás, en algunos casos, sin más objeto que el de su propia erudición, exagerando las acciones que son intrínsecamente malas y bajas, con un refinamiento y elegancia de lenguaje, convirtiéndose de esta manera en maestros de lo que debería haber quedado en el silencio, el olvido y la oscuridad” (En: Vita Constantini PG 20, 905 - 1440).

Existe un gran déficit de “experiencias”, de testigos, de “historias” y de “lugares” donde contarlas con libertad, con resonancia y operatividad. Pues es la memoria y la narración, como el memorial de la pasión, muerte y resurrección de Cristo, las que constituyen a la comunidad, proporcionándole el conocimiento - no tanto la argumentación - de cómo se da la vida y de cómo se hace prójimo y se convierte.

Se hace urgente entonces recuperar a nuestros mártires, pues cuando recuperamos a cada uno de ellos, celebramos la feliz esperanza de que también a nosotros se nos puede dar lo que ellos ya poseen: la gracia de Dios, más fuerte que todas las resistencias de los hombres, que ha tomado la última palabra y ha asumido al mundo y a la historia definitiva e indefectiblemente en la carne muerta y glorificada de Cristo, por mucho que parezca prolongarse en sangre, lágrimas y desesperación.
[1] Congregación para las causas de los santos, Normae servandae in inquisitionibus ab Episcopis faciendis, n. 1a.
[2] Código de Derecho Canónico (1983). Libro II: Del Pueblo de Dios. Parte I: De los fieles cristianos. Título V. De las asociaciones de fieles. cánones 298 - 311
[3] Normae servandae... 1a, y 27c.
[4] Normae servandae... 3c
[5] Idem 103.
[6] Tertio millennio adveniente n. 30.
[7] En las causas que implican grupos amplios y que tienen que ver con distintas congregaciones religiosas, es praxis común que a la Orden a la que pertenece el que encabeza el grupo en cuestión se le asigna la postulación de todo el grupo. En nuestro caso, siendo el Beato Alfonso Navarrete un dominico, la postulación está actualmente en manos del Postulador General de las Causas de los Santos de la Orden de Predicadores, el P. Inocencio Venchi OP, con sede en la Curia General en la Ciudad de Roma, Italia. Cfr. Indes ac status causarum, 1999, p. 476.
[8] Capítulo 3, tema A. Las atribuciones de los milagros, pp. 67 - 68.
[9] Reglamento de la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, Roma, 1983. Art. 26,1.
[10] El bien del martirio. En: FUENTES PATRISTICAS. Tomo 9. Gregorio de Elvira. Tratados sobre los libros de las santas escrituras. pp. 407 - 419. Editorial Ciudad Nueva.
[11] Act 9, 36 - 42.
[12] SAN AMBROSIO DE MILAN, Sobre las vírgenes y sobre las viudas. Editorial Ciudad Nueva, Madrid, 1999. pp. 255 - 256.
[13] Sagrada Congregación para el Culto Divino, Instrucción Calendaria particularia de calendariis particularibus atque Officiorum et Missarum Propriis recognoscendis (24. junio 1978), n. 1. En: AAS 62 (1970), 651 - 663; también en: Notitiae 6 (1970) , 349 - 370; también en: Enchiridion vaticanum. Vol. 3. Documenti ufficiali della Santa Sede 1968 - 1970. Edizioni Dehoniane, Bologna, 1982. pp. 1540 - 1569.
[14] Calendaria particularia n. 9.

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