BIENVENIDO

BIENVENIDO
ABBA PADRE

martes, 30 de septiembre de 2008

¿QUIEN ES EL BEATO BARTOLOME DIAS-LAUREL?

¿ QUIEN ES EL BEATO BARTOLOME DIAS-LAUREL?
Pbro. Juan Carlos Flores Rivas

Bartolomé Días-Laurel es un Beato Mártir Acapulqueño.

Fue hermano lego, de los frailes Descalzos de la Apostólica Orden de los Menores de la Regular Observancia de Nuestro Seráfico Padre San Francisco, de la Provincia de San Diego de México.

Nació en el vecindario y Puerto de Acapulco, pomposamente llamado “Ciudad de los Reyes”, en el Barrio del Pozo de la Nación, en 1599. En la primitiva Iglesia de Acapulco recibió los sacramentos de la iniciación cristiana. Se dice que, como la mayoría de los vecinos en aquél tiempo, ejerció los humildes oficios de tejedor de redes y pescador, para ayudar a sus padres, que sin duda fueron muy pobres.

En aquél tiempo, habían llegado a aquél vecindario los franciscanos Descalzos de la Provincia de San Diego de México –llamados por esto por algunos “dieguinos”-, quienes iniciaron la construcción en 1606 de un Convento con hospedería y hospital, fundado en 1607 con el Nombre de Nuestra Señora de Guía.

Fue precisamente el clima espiritual de los Descalzos el que enamoró a nuestro Bartolomé. Búsqueda radical del seguimiento de Cristo pobre y sufriente, según el ideal de San Francisco de Asís, en el compromiso de una vida en comunidad, bajo la obediencia estrictísima del Padre Superior, pero también al servicio del hermano que sufre, de los enfermos, y en las misiones. Distinguiéndose en la importancia del hábito y el andar descalzos.

En el Convento de Nuestra Señora de Guía de Acapulco surgió su vocación religiosa. Y para su formación es enviado al Noviciado del Convento de San Buenaventura en Valladolid (hoy Morelia Michoacán), donde recibió el hábito por primera vez el 13 de Mayo de 1615, de manos del R. P. Fray Miguel Tolón; y por segunda ocasión el 17 de Octubre de 1616, de manos del R. P. Fray Alonso de Santa María; esto implica que, como San Felipe de Jesús, dejó el Convento por espacio de un año, por causas que desconocemos, pero fue readmitido como señal de su intachable conducta. Allí profesó como Hermano Lego en 17 de Octubre de 1616 en manos del R. P. Fray Antonio de la Cruz.

Se conserva una tradición, recogida por el Doctor Nicolás de León –quien lo puso por escrito-, y dada a conocer por el P. Fray Vicente Rodríguez en su Libro “Cosas de Frailes”; en 1880, el Padre Fray Rafael Ibáñez, en ese entonces “historia viviente” del Convento de San Francisco de Morelia, de 69 años de edad, solía señalar una parte del Convento construida con la ayuda del Beato: Resulta que el Maestro de Novicios, para ponerlo a prueba, le señaló el humilde oficio de llevar la mezcla a los albañiles que construían una parte del Convento, y nuestro Bartolomé respondió con diligencia, cumpliendo lo que su Maestro le mandaba”

La obediencia lo señaló como misionero en el mítico Oriente. Mientras tanto ejerció su apostolado laico en México de 1617 a 1619, en el ejercicio de oficios ordinarios y manuales, en las faenas domésticas, sirviendo con alegría a los enfermos, o ejerciendo oficios mecánicos en beneficio de propios y extraños a la comunidad, “a la manera que colaboran entre sí las hormigas y las abejas”; y enseñando el catecismo a los sencillos.

Para finales de 1619 saldrá precisamente del Puerto de Acapulco hacia Filipinas “en la flor de sus años”; tocado por el extremo de la divina caridad, abandonando el cielo radiante de su patria, sus parientes, los amigos y las cosas queridas, se embarca en medio de peligros sin número en busca de nuevos hermanos para trabajar por su salvación, en un tiempo de universal y fiera persecución[1].
En el Libro de Pasajeros de la Contratación, Sección de Contaduría, Libros de Registro de los Cedularios, del Archivo General de Indias (en Sevilla, España), se encuentra asentado el dato de que en 1619 salió del puerto de Acapulco rumbo a Filipinas una sola nave, en el mes de diciembre, a las órdenes del procurador Hernando de Moraga, con 20 miembros, 18 sacerdotes, un donado y un hermano lego[2]...

Ya en Filipinas, de 1620 a 1623. ejercerá su apostolado misionero siempre como fiel compañero y servicial del Padre Fray Francisco de Santa María, en Manila y su región. Con diligencia, servía a los enfermos, aprendiendo bien el lenguaje japonés, conociendo las muchas enfermedades y medicamentos que las aliviaban.

Posteriormente pasará al Japón junto con el Padre Santa María, quien para entonces será el Comisario de la Orden. Y de 1623 hasta su muerte formarán comunidad profunda también con el catequista japonés Fray Antonio de San Francisco. Vestido de japonés, atendía las necesidades de los fieles por los montes, en los bosques, entre las grutas, o por la ciudad y los pueblos. Empeñándose en la conversión de los paganos. Servicial y asistente del Padre Santa María, precediéndolo con el fardo de utensilio para celebrar la Santa Misa, y con los medicamentos para curar los enfermos. Gracias a la pericia del arte médica entraba en las casas y en los tugurios de los pobres y les suministraba la medicina a los enfermos, teniendo el empeño de confortarlos en la fe si eran cristianos o de catequizarlos si eran infieles, dando lugar al Padre Santa María para cumplir el resto. En medio de una fiera y universal persecución contra la Iglesia.

La persecución[3] cruenta que se desató contra la Iglesia católica, inició en 1587 cuando el cruel Shogun Hideyoshi, denominado por los cristianos “Taikosama”[4] emite un Decreto de Expulsión contra los jesuitas, y posteriormente, promueve en 1597 la primera y general persecución, dentro de la cual, el 5 de febrero de 1597, coloca la palma del martirio a 26 Santos Protomártires, al crucificarlos en la célebre colina de Nishizaka, entre ellos nuestro San Felipe de Jesús.
Después de él, el Sogun Ieyasu, conocido como Daifusama, quien usurpa el trono al legítimo sucesor Findeiori (hijo de Taicosama), recrudecerá la persecución publicando el primer Edicto contra el cristianismo en 1614: Que se expulsara de la Corte y despojara de sus bienes a los príncipes que se declaraban cristianos, se destruyeran cruces, imágenes, iglesias , conventos, y hospitales; que se obligara a los fieles bajo pena de muerte a volver al culto de los ídolos.
Pero los años más sangrientos se vendrán con su hijo Iemitsu o Xongunsama (1623-1651), quien perseguirá a los cristianos durante más de 40 años, azuzado por los Bonzos budistas, por una parte, que impusieron su control con las armas; y los calvinistas holandeses, por la otra parte, que querían libre campo para el comercio con el Japón.

Fue apresado junto con el Padre Santa María en mayo de 1627 en Nagasaki en casa de los terciarios franciscanos japoneses Gaspar Vas y su esposa María. Y llevados a Omura donde fueron encarcelados y juzgados.

Antonio de san Francisco no estaba con ellos en el momento del arresto, pero se presenta ante el juez y es aprehendido.
En la cárcel nuestros mártires dieron cumplimiento a la cristiana perfección con la fervorosa plegaria, profunda humildad, sobrehumana resignación y extraordinaria paciencia en sostener con gozo todas las privaciones y desaguisos de esa horrible prisión, la intemperie, el hambre, la sed, y el maltrato de sus carceleros, disponiéndose como grata ostia a Dios para la hora del sacrificio.
En la cárcel, Antonio de san Francisco profesó solemnemente la regla de la Primera Orden que siempre había observado, en manos del padre Santa María, quien lo viste con el hábito. Allí mismo recibe el bautismo Francisco Cufioe[5].
El 17 de agosto de 1627, son trasladados de la cárcel de Omura, a Nagasaki, para dar cumplimiento al veredicto dictado contra ellos, en la célebre colina de Nishizaka. Por la mañana, son decapitados los terciarios dominicos japoneses: Francisco Curobioye, Caio Iemon, y quemadas vivas a fuego lento Magdalena Kyota, de noble cuna, y la viuda Francisca.
Por la tarde, prepararon la ejecución en la hoguera del padre Santa María y los frailes Bartolomé y Antonio, junto con los terciarios franciscanos Gaspar Vas y Francisco Cufioye, atándolos al madero sobre la leña en la cual habrían de ser quemados.
Con el ánimo de infundirles terror ante la muerte, antes de dar fuego a la leña, frente a ellos, fueron decapitando a sus otros seis compañeros terciarios franciscanos japoneses[6]: María Vas, Tomás Vo, Lucas Kyemon, Miguel Chizayemon, Luis Matzuo, Martín Gómez.
Finalmente fueron quemados vivos a fuego lento el padre Santa María, y los frailes Bartolomé y Antonio, y los terciarios Gaspar Vas y Francisco Cufioye.
Todo esto sucedió bajo el poder del cruel y sanguinario Shogunsama (Tokugawa Iyemitzu), siendo Gobernador de Nagasaki Mizuno Kawachi No Kami.

El testimonio de quienes vieron el martirio es unánime. Nuestros héroes en todo se comportaron como discípulos del Resucitado, invocaban el nombre de Jesús y de María, cantaban alabanzas e himnos del triunfo de nuestro Redentor[7].
Para evitar que los cristianos recogieran sus cenizas y guardaran su recuerdo, el cruel Shogun ordenó que fueran arrojadas al mar.
Nuestro Bartolomé será Beatificado el 7 de julio de 1867 en la Patriarcal basílica de San Pedro en Roma por el Sumo Pontífice Pío IX –Hoy Beato también-, en un grupo de 205 mártires japoneses, cuya cabeza de grupo es el Padre dominico Alfonso Navarrete.
En este mismo grupo hay otro mexicano, el agustino Bartolomé Gutiérrez.
La Beatificación de estos mártires, provocó tanto en Japón como en Filipinas y en México un fuerte florecimiento espiritual y vocacional, como podemos conocer por las crónicas de aquella época.
La colina de Nishizaka (Nishi= oeste / Zaka= cuesta, subida), en Nagasaki, es tenida hoy todavía en grande veneración, como monte santo de los mártires.
En ella, un Santuario, dedicado a San Felipe de Jesús; en medio de un hermoso jardín público con monumentos que recuerdan a diversos mártires, sirve de lugar de recogimiento y oración. Los católicos celebran con el Santo Sacrificio de la Misa el triunfo de nuestra fe. Junto al Santuario en Nishizaka, un museo recuerda el testimonio de todos los mártires caídos en esa colina santa. Se conserva la memoria de 650 mártires laicos y misioneros asesinados sobre la colina santa de Nishizaka y sus alrededores.
Incluso, se dice, la furia destructora de la bomba atómica, pareció respetar este lugar santo.
[1] TASSO DA FABRIANO, Storia... p. 358.
[2] Actas del...p. 577.
[3] TASSO DA FABRIANO, Storia... p. 1-84; también: Giuseppe BOERO SI, Relazione della gloriosa morte di duecento e cinque beati martiri nel Giappone. Roma, Coi Tipi della Civiltà Cattolica, 1867. pp. 3-8; así como en: Jean MONSTERLEET, Storia della Chiesa in Giappone. Edizioni Paoline, Rome, 1959. pp. 17-18, 93-97.
[4] Taikosama significa Emperador Supremo. Observación: Muchos nombres, que parecen propios, no lo son tales, sino más bien apelativos, y la mayoría de ellos compuestos de dos y también de tres voces significandoo el oficio, el grado, o la potestad del personaje. Por ejemplo Taicosama, Daifusama, Xongunsama, Toxugunsama. Que pueden significar Emperador Supremo, Comandante Supremo. En otros casos va unido al nombre del reino del cual es señor: Arimandono, Omurandono, rey de Arima, rey de Omura... TASSO DA FABRIANO, Storia... pp. 19 - 20, nota al pie de pagina n. 2.
[5] TASSO DA FABRIANO, Storia... pp.. 359-364.
[6] TASSO DA FABRIANO, Storia... p. 365.
[7] Proceso Macaensi, y Proceso Manilensis. En Archivio Segreto Vaticano. Fondo Riti. 1630-33, 88 ff. n. 1194. 1748, 235. ff. n. 1195.

No hay comentarios: