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sábado, 15 de agosto de 2015

BEATO BARTOLOME DE ACAPULCO, NAGASAKI Y LA SEGUNDA BOMBA ATOMICA



Santuario actual en la colina Nishizaka en Nagasaki, en el lugar donde fueron martirizados San Felipe de Jesús y el Beato Bartolome días-Laurel de Acapulco


BEATO BARTOLOME DE ACAPULCO, NAGASAKI Y LA SEGUNDA BOMBA ATOMICA
Pbro. Lic. Juan Carlos Flores Rivas

El pasado domingo 9 de agosto de 2015, el Santo Padre Francisco, en su mensaje para el rezo del Angelus, dijo: “Hace setenta años, el 6 y 9 de agosto de 1945, sucedieron los atroces bombardeos atómicos en Hiroshima y Nagasaki. A distancia de tanto tiempo, este trágico evento suscita todavía horror y rechazo. Este se ha convertido en el símbolo del ilimitado poder destructivo del hombre cuando hace uso equivocado del progreso de la ciencia y de la técnica, y constituye una advertencia continua para la humanidad, para que rechace para siempre la guerra y las armas nucleares y toda arma de destrucción de masas. Esta triste memoria nos llama sobre todo a orar y a comprometernos por la paz, para difundir en el mundo una ética de fraternidad y un clima de serena convivencia entre los pueblos. De toda la tierra se eleve una única voz: ¡no a la guerra, no a la violencia, si al diálogo, si a la paz! ¡Con la guerra siempre se pierde! ¡El único modo de vencer una guerra es no hacerla!”
Nagasaki está hermanada con Acapulco porque un paisano nuestro, dio su vida en esa ciudad, proclamando su fe en Jesucristo, como catequista y enfermero, y derramando su sangre en confirmación de esa misma fe, un 17 de agosto de 1627, en la colina santa de Nishizaka (la misma colina Tateyama, donde fue crucificado 30 años antes San Felipe de Jesús).
Recomendamos ampliamente la lectura de la Edición Especial número 50 de la Revista PROCESO (sin que esto sea tomado a mal), que retoma la efemérides, con el título: “Hiroshima y Nagasaki. El apocalipsis 70 años después”. Sobre todo el artículo de Anne Marie Mergier: “Nagasaki. El martirio”. Importante artículo, porque retoma la dimensión católica de esta tragedia. “El viento desvió de su objetivo original la bomba atómica lanzada sobre Nagasaki, ésta cayó sobre un barrio pobre cuyos habitantes eran, como la mayor parte de la población de la ciudad, católicos. Ello determinó la manera en que la ciudad asimiló el ataque y perpetuó la memoria. A diferencia de Hiroshima, que asumió una actitud laica ante los hechos. Nagasaki mantiene el recuerdo con base en la espiritualidad e, incluso, el misticismo”. La segunda bomba atómica estaba destinada a ser lanzada sobre la ciudad de Kokura, pero el clima impidió la visibilidad, y la bomba fue lanzada sobre Nagasaki, incluso ya en el sobrevuelo, los pilotos no identificaron la zona industrial, y desgancharon la bomba sobre el barrio católico de Urakami, ubicado entre dos fábricas de armas del grupo industrial Mitsubishi. El hongo atómico se extendió a partir de ese barrio apartado de la ciudad, y misteriosamente, se detuvo sin tocar, ante la montaña santa de Nishizaka, donde se resguarda la memoria de los mártires de la persecución, donde hoy fue construido un espléndido santuario que lleva por nombre San Felipe de Jesús, el primer mártir de Japón y de México, fue el primero que murió de toda la larga lista de 460 mártires que cayeron en esa montaña santa Tateyama. El santuario, fue construido fundamentalmente, gracias a la cooperación de los católicos mexicanos.

La catedral católica de Santa María de Urakami, que se preciaba de ser la más grande de Asia y se levantaba a 500 metros del epicentro de la explosión, se derrumbó en pocos minutos. Los dos sacerdotes y los fieles que rezaban en ella murieron calcinados. La bomba atómica mató a dos tercios de los católicos de todo el país, que se encontraban fundamentalmente concentrados en Nagasaki. El destino de la catedral destruida fue motivo de debates acalorados. El gobierno quería conservarla en ruinas y convertirla en doble símbolo del terror atómico y del anhelo de paz, pero finalmente los católicos se impusieron y la reconstruyeron de nuevo como originalmente se encontraba, austera y sencilla, edificada en ladrillos, dos campanarios rectangulares, techos y cúpula verdes. Juan Pablo II visitó estos lugares en 1981, para honrar la memoria de los cristianos caídos en la conflagración: 165 mil 409.
El escritor místico católico Takashi Nagai, en su libro “Las campanas de Nagasaki”, realiza la interpretación cristiana del evento: “Fue la providencia de Dios la que eligió a Urakami. ¿No existía una relación misteriosa entre el fin de la guerra y la destrucción de Urakami? ¿Urakami no sería una víctima elegida, el holocausto ofrecido en el altar del sacrificio para expiar todos los pecados cometidos durante esa Segunda guerra Mundial?”. El día de la conflagración Nagai estaba trabajando en la universidad cuando fue cegado por el flash atómico. Cuando pudo regresar a su casa, sólo encontró los huesos calcinados y el rosario de su esposa. A lo largo de sus seis años de vida que le quedaron hasta morir de leucemia, atendió enfermos con una abnegación total, y siguió su labor docente. Siempre junto a sus dos hijos sobrevivientes.
En ese país de las mil religiones, donde según las cifras ofrecidas por la Conferencia Episcopal, sólo el 0,3% de la población es católico. Por ese pueblo heroico y creyente, un acapulqueño predicó el evangelio, con esos frutos de fe que ahora conocemos. Estamos invitados a no dejar pasar la fecha: 17 de agosto DIA DE LOS CATEQUISTAS EN LA ARQUIDIOCESIS DE ACAPULCO. Ese día participa en la Santa Misa, invoca al Beato Bartolomé de Acapulco, y ora por todos los catequistas. Toda la información en http://beatobartolomedias-laurelacapulco.blogspot.com

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